Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Que nadie diga que lo han engañado

24/05/2020

No estoy diciendo que no mienta. De hecho no hace otra cosa. Pero de mentir a engañar hay un buen trecho, y una personal como él, precisamente por tener el título de ‘embustero cum laude’, no puede engañar a nadie.
El espectáculo del pasado miércoles, prometiendo a uno la lluvia para conseguir sus votos y a otro el buen tiempo exactamente para lo mismo, no es más que un reflejo de su personalidad artera y falaz que ya tiene acreditada en muchas tardes en esta plaza de los disparates y la inmoralidad en que ha convertido España.
Obvio es que me estoy refiriendo a nuestro elegido presidente del gobierno. Con esos apelativos no puede ser otro. Resulta que pacta al mismo tiempo con Bildu y con Ciudadanos, les saca los votos, que es lo único que le importaba en ese momento, como a cualquier obseso del poder sin moral de ningún tipo, y al rato desmiente lo prometido a unos, aunque estaba escrito. Para acabar de ‘arreglarlo’, su vicepresidente sigue manteniendo que lo pactado es lo pactado y lo escrito obliga…
Lo prometido a Bildu no es, ni más ni menos, que el endurecimiento para las empresas de los costes laborales, a través de impedir o encarecer la adecuación de plantillas a las necesidades productivas. Obviamente tampoco lo va a hacer por mucho que se lo haya prometido a los filoetarras, pero demuestra claramente la catadura y caradura del personaje, que realmente no tiene límite.
Hemos llegado a un grado de podredumbre y fango en la vida pública, que se roba, se mata y se miente sin que se les mueva un pelo ni se les aviven los colores. Y no es exagerado lo que digo. Veamos: ayer nos dice el contador de muertos y enfermos que lo de las mascarillas está muy bien para evitar el contagio, que si no se han hecho obligatorias antes es porque no tenían dinero para pagarlas… Esto, se mire como se mire, es matar. ¿Creen ustedes que si esto lo hubieran dicho el primer día no hubiéramos usados muchos las famosas mascarillas aunque nos tuviéramos que quedar sin la merienda? Pues, obviamente, si se nos ha engañado en una medida en la que pude ir la vida, está claro que muchos habrán muerto por esta mentira. ¿Cómo lo llamamos? Que han trincado, no creo que lo dude nadie. Cuando compran mascarillas a una empresa recién constituida y se las entregan defectuosas y vuelven a tratar con esa misma empresa… ¿cabe alguna duda?
Pero el problema no es ya tanto esta cuadrilla de maleantes y bribones en cuyas manos nos hemos puesto. Es peor aún el candor, la ingenuidad y la bisoñez de que están haciendo gala otros servidores públicos. En este caso los inocentes de Ciudadanos, cuya líder parece que acaba de tomar la primera comunión. ¿Qué más tiene que hacer una persona para que estos pobres corderitos maduren y acaben de conocer al lobo? El problema es que son un reflejo de la sociedad en que vivimos.
Por eso, más necesario que encontrar una vacuna contra la Covid-19, es fabricarla contra la candidez y la simpleza. El summum sería hallar una  contra la desfachatez, la egolatría, el narcisismo y la chulería y vacunar a Pedro Sánchez. Se salvaría él… se salvaría España...