Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Espantajo

12/07/2020

«Lo que el salvaje que con torpe mano hace de un tronco a su capricho un dios…»
Me han venido a la mente estos versos de Bécquer, viendo cómo la coalición gobernante se empeña en crear un héroe entre los suyos, que encarne la narración épica de la pandemia. Para ello han escogido una persona que, si no fuera por su actuación durante estos desgraciados meses, sí merecería todo el respeto por su vasta trayectoria profesional pasada. Pero la política y sobre todo algunos políticos en concreto, convierten en inmundicia todo lo que tocan.
Esto es lo que han hecho con este pretendido héroe. Desde lo más alto de su trayectoria, lo han llevado a un nivel que resulta ridículo, cómico... Porque –así es la condición humana- hasta él mismo, que sabe lo que ha hecho, se cree que es un ídolo de masas. Ha bastado para ello que Sánchez haya convencido a un correligionario con cargo, para que lo ponga una calle y que serigrafíen un puñado de camisetas con su retrato tipo Che. La egolatría que se profesa este hombre es tan grande, que él mismo quiere dirigir las inversiones que dará la venta de la camiseta…
Pero la realidad es la que es, y aunque es verdad lo que decía Rafael El Gallo de que ‘hay gente pa to’, nadie que tenga un mínimo de información, independencia y cordura, colocará actualmente a Fernando Simón más que como espantajo de higuera. Porque eso es en lo que se ha convertido.
Fernando Simón es el director del Centro de Coordinación y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad ¡nada menos! Y teniendo este cargo y esta responsabilidad se ha ciscado en sus obligaciones para hacer de bufón del gobierno. En un primer momento no queriendo ver, incluso negando y mofándose del coronavirus. Iba a ser una gripe leve que iban a pasar unos cuantos. La Sanidad española, obviamente la pública, estaba más que preparada para dar unos capotazos al virus y mandarlo de vuelta a Wuhan, de donde se supone que vino. Le faltó, si es que no lo hizo, hacer piruetas delante de la pancarta de la manifestación del 8-M para hacer méritos delante de los gerifaltes social-podemitas que la portaban, gritando eso de que ‘no mata el virus…’ Claramente dejó que el virus ‘se metiera hasta la cocina’ con tal de no contrariarles, hasta que ya no hubo remedio.
No contento con la hazaña de permitir una expansión descontrolada, negó y hasta ridiculizó la utilización de mascarillas, a sabiendas de que era el arma más eficaz para parar al ‘miura’.  Todo, porque con su impagable colaboración, nuestro Gobierno no se había molestado en dotarse de material como ya habían hecho países con dirigentes un poco menos sectarios y más eficaces.
Negar la utilidad de este sencillo instrumento, ha sido uno de los hechos más graves cometidos por este candidato a héroe y ha ocasionado un montón de muertes que seguramente no se hubieran producido de haberlas usado, aunque no fuera la fetén.
El resultado de su hazaña ha sido tan escandaloso que ahora no hay manera de que nos digan cuántos son los muertos, llegando al colmo de presumir del número de los que han salvado con su ‘heroísmo’ y no saber a cuantos ha matado su gestión. Dejen de fabricar héroes con espantajos…