RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Ni en Pitcairn

La Isla Pitcairn es el país más remoto del mundo. Tiene 47 km2 y 50 habitantes. Regala terreno y un pasaporte a quien lo solicite, pero nadie lo solicita porque es muy caro llegar hasta allí y no existe ningún incentivo de peso para hacerlo. Los pitcairneses pagan en dólares neozelandeses y, además de inglés, hablan pitcairnés. Es un paraíso subtropical con inconvenientes. El principal es que se encuentra a 5.575,85 kilómetros de Nueva Zelanda, mil kilómetros más de los que separan Cádiz de Moscú.
Disponen tan solo de una tienda que abre un par de horas a la semana. Está abastecida de todo lo básico, pero los víveres tardan una media de tres meses en llegar. La mayoría de los productos tienen que llegar congelados. En definitiva, se está allí más aislado que en cualquier cárcel del mundo.
Su historia se remonta a 1790, cuando nueve amotinados desembarcaron y tomaron posesión de las tierras. Trajeron con ellos a once mujeres taitianas, seis hombres y un recién nacido. Formaron familias y una pequeña sociedad que después se integró en el Imperio Británico. Se le consideraba un paraíso de Stevenson hasta que en 2004 una investigación que causó gran revuelo en Londres demostró que los abusos sexuales formaban parte de la su particular cultura insular.
La Isla de Pitcairn parece el mejor lugar del planeta para aislarse del inconmesurable coñazo que está dando la política española. Pero hay un grave problema: hace unos años se garantizó el acceso a internet a su población. Así que ni en Pitcairn vamos a libramos de saber quién podría pactar con quién en caso de que quisieran hacer esto o lo otro con aquel o con su contrario.