Barrio de Santo Tomé

Juan Ignacio de Mesa


Encierro

18/05/2020

El coronavirus nos ha superado a todos, ha generado una crisis de dimensiones incalculables. Hay inseguridad sobre lo que nos puede pasar a nosotros y a nuestros allegados. Peligra nuestro empleo, nuestra situación económica y, fundamentalmente, nuestra salud. El tiempo de confinamiento genera un estado de ánimo cada vez más pesimista. Pero hay que luchar. Luchar para intentar superar este estado de animo, ver que podemos hacer a titulo individual y colectivo para enfrentarnos con este jorobado bicho que ha cambiado la vida de la humanidad. ¿qué hay unos que pueden hacer más que otros? Evidente, pero ¿nos hemos planteado que estamos haciendo nosotros?
El mérito de los que están llevando el peso de los servicios esenciales, es total. Jamás podremos estar lo suficientemente agradecidos al personal sanitario, a las fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a los agricultores, transportistas, personal de los establecimientos de alimentación, servicios de limpieza, etc. La mayoría nos hemos tenido que mantener confinados en casa. Y ¿qué hemos hecho? Los padres con hijos habrán podido ayudarles en sus clases a distancia, habrá muchos que habrán estado atendiendo a sus mayores.
Pero, pensemos en que hemos ocupado el tiempo en estos dos meses. Han sido 320 horas de jornada laboral normal a razón de 40 horas a la semana y esto sin contar el resto de nuestro tiempo. En mi caso y por obligación, he seguido más de 40 horas de formación a distancia me he convertido en un experto en teletrabajo, casi me atrevo a poner la lavadora (soy experto en barrer y otras múltiples tareas domesticas) y nadie me gana en leer las instrucciones de aparatos domésticos de todo tipo. Hago ejercicio como nunca, y planifico mi vuelta a la normalidad, todo, menos quedarme parado. Analizo lo que pasa a mi alrededor y procuro atemperar mi enfado a la vista de tanto incompetente que se pone en evidencia en estos momentos.
Y dado que en esta semana nos ha dejado Julio Anguita, recuerdo las conversaciones con él mantenidas y me doy cuenta de que, con la distancia de nuestras ideas políticas, cuanta razón tenia al insistir lo de ‘programa, programa, programa».
Me imagino que estuviera como parlamentario e insistiera en su idea de lo que era pactar: «El problema de los pactos, no es con quién se pacta, si no lo que se pacta». Pocos de los actuales parlamentarios están a su altura.