LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


La expresión prohibida

Aquel joven profesor explicaba en clases de historia los motivos esgrimidos por los insurrectos en aquel «alzamiento nacional» que llevaría a Franco al poder durante más de tres décadas. Había primero explicado la República y para comprender el periodo intentó también hacer comprensible los motivos del otro bando, el sublevado, los disturbios populares, la persecución del catolicismo y la posterior quema de iglesias o las checas. No imaginaba que iba a ser por ello denunciado: primero los inspectores, luego la prensa, finalmente la condena y la pérdida de su empleo.
¿Historia-ficción? Quizá pueda darse en los próximos años con las últimas y gubernamentales propuestas. El gobierno socialista y filocomunista ya ha comenzado a anunciar sus simbólicas reformas. Nuevas leyes para que la apología y la exaltación del franquismo sea delito y no solo algo mal visto.
Quien estas letras escribe es duro crítico con dictaduras y fascismos y aquí lo digo para que no se acuse de algo indebido a este intento de buscar común sentido. Por lo mismo, como defensor de la libertad, también critica con dureza las tiranías comunistas y los crímenes de la izquierda. Las cámaras de tortura que ha visitado en algún país del área soviética, los presos que ha conocido del otro lado del Telón de Acero no le han hecho amable aquel mundo de denuncias e imposiciones en nombre de un supuesto y fatídico progreso. La libertad cada vez está más amenazada por lo políticamente “correcto” y las nuevas corrientes dogmáticas de nuestro tiempo, las modas, las nuevas creencias.
Triste parece el homenaje que los nostálgicos franquistas hicieron en la exhumación del dictatorial cadáver y ensalzar al guardia civil que entró en el Congreso de los Diputados a tiros, con frustrado golpe de estado, es penoso. Pero peor podría ser amordazar a las personas aunque opinen de un modo torpe e incluso repugnante. EEUU permite expresarse incluso a los racistas. Desagrada verlos pero peor es que obren a escondidas y que por temor muchos callen algunas verdades.
Aunque las cifras bailan en algunos millones, peores que los fascistas han sido los comunistas: Mao Tse Tung (Ze Dong), con su Gran Salto, llega de cuarenta a setenta millones de víctimas; hasta 23 llegan a colocar a Stalin, con las deportaciones y hambrunas organizadas; en campos de concentración, torturas y ejecuciones: 1’4. Koba el terrible es un libro todavía vivo. Después viene el horror de Hitler, con diecisiete millones, de los que seis fueron eliminados en sus campos de exterminio. Leopoldo II de Bélgica, Tojo en Japón o Enver Pasha con los armenios son otros repugnantes ejemplos de lo más horrendo del humano género.
Entonces, también debería prohibirse en consonancia la apología del comunismo, ahí están sus torturados y sus cadáveres. Sin embargo, esa se tolera y hasta a veces públicamente -estatalmente- se venera.