Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


La Semana Santa y la gente (I parte)

05/04/2021

La Semana Santa que acabamos de pasar ha venido precedida, litúrgicamente, de 40 días de Cuaresma desde el Miércoles de Ceniza, y va seguida de 50 días de Pascua, hasta Pentecostés. Pero no nos engañemos. Para la mayoría de la gente, la Semana Santa es eso, una semana. Y es curioso constatar que de esa semana, seis días se dedican a la Pasión y solo un día a la Resurrección.
En efecto, desde el Lunes Santo, o antes, hasta el Sábado Santo por la noche, un día tras otro, los dedicamos a la Pasión: procesiones, oficios, pregones, viacrucis, retiros, etc. Y después del Domingo de Resurrección volvemos a nuestra vida ordinaria y a nuestras ocupaciones cotidianas.
Y es curiosa la constatación porque la Resurrección es más importante que la Pasión. San Pablo lo dice sin ningún género de duda: “Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía es también vuestra fe” (1 Co. 15,14). Por tanto, si Cristo resucitó, nosotros también resucitaremos, lo que significa que hay Vida Eterna y que algún día todos estaremos en presencia del Padre con nuestro cuerpo glorioso.
La Cruz, como símbolo de la Pasión, es lo que nos identifica a los cristianos, que carecemos de un símbolo visible de la Resurrección. La Cruz ha estado presente en la Historia desde el comienzo y está hoy presente en nuestras vidas, en nuestras casas, en nuestros lugares de trabajo, en nuestras ciudades.
La Cruz es la planta arquitectónica de nuestras Iglesias de cruz latina.
La Cruz aisladamente o formando la representación del Calvario se encuentra en lo alto de los retablos, o de las torres, o de las rejas o en las paredes interiores o exteriores de los templos y en las fachadas.
Cada ciudad, cada pueblo tiene su Cristo en la Cruz. En Toledo, casi cada Iglesia o Parroquia, con su correspondiente Cofradía: Cristo de la Luz, Cristo de las Aguas, Cristo de la Vega, Cristo de Palafox, Cristo de la Agonía, Cristo de los Mártires, Nuevo Cristo de la Sangre, Cristo de la Victoria, Cristo de la Fe, Cristo de Luca, Cristo de las Ermitas, Cristo Redentor, Cristo de la Expiración, Cristo del Calvario, Cristo El Navegante, entre otros muchos.
Las imágenes de la Pasión de Cristo y de la Cruz han sido abordadas por casi todos los pintores: Rainer, Delacroix, El Greco, Gauguin, Goya, Giotto, Tintoretto, Fra Angelico, Murillo, El Bosco, Durero, Zurbarán, Tieppolo, Grünewald, Picasso, Chagall, Baselitz, Bacon, Pontormo, Charonton, Miguel Angel, Van Gogh, Holbein, Mantegna, Carpaccio, Tiziano, Caravaggio, Rivera, Salvador Dalí, entre otros muchos. La lista de los escultores e imagineros sería interminable, y se repiten en la Literatura, y en las representaciones dramáticas populares en tantos pueblos; y en la Poesía.
¿Y qué decir de la representación de la Pasión en la música? ¿Cómo ignorar las Pasiones según San Mateo y según San Juan, de J. S. Bach, entre otras muchas?
¿Pero cuántas imágenes tenemos de la Resurrección en comparación con las que tenemos de Cristo Crucificado? ¿Y por qué la Resurrección no ha recibido un mismo o superior tratamiento de artistas, arquitectos, pintores, músicos o poetas que la Pasión?
¿Por qué celebramos más la Pasión que la Resurrección? Cada uno de ustedes, amables lectores, podría dar una respuesta a este interrogante. Yo me permitiré aportar la mía, como una más, en la próxima colaboración.