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Miguel Ángel Dionisio

El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Mayo

04/05/2022

«Estamos a treinta, de este abril cumplidos, alégrate dama, que mayo ha venido…» De nuevo, en la primera noche del mes de mayo, las calles de nuestros pueblos manchegos se han llenado del canto de los mayos, el anuncio gozoso del mes de las flores, este año espléndido por las abundantes lluvias de primavera, que han vestido de verdor y esmaltado de mil colores campos y montañas. La alegría brota por doquier, y junto al renacer primaveral, vuelven las viejas tradiciones, costumbres y ritos ancestrales. Tras dos años de miedo y tristeza, a pesar de que el horizonte internacional está lleno de negros nubarrones y el drama de la guerra en Ucrania nos toca el corazón, invitándonos a la generosidad y acogida con los que huyen, todos estamos deseosos de recuperar, con más fuerza si cabe, la normalidad interrumpida por la irrupción del coronavirus.
Pueblos y ciudades se aprestan a engalanarse para volver a la fiesta, elemento esencial de la naturaleza humana. La austeridad de la Semana Santa, vivida de nuevo como expresión de fe, devoción, arte y cultura, explota en las mil y unas manifestaciones festivas que se suceden, sin solución de continuidad, en nuestras tierras. Toledo comienza ese peregrinar de romerías con la celebración de la Virgen de la Cabeza, el último domingo de abril, seguida, en feliz coincidencia este año de domingo y primero de mayo, de la del Valle, que llena del tañer de campanas el aire impregnado del olor de las plantas aromáticas. Las calles empiezan ya a cubrirse con el palio inmenso de los toldos, en aviso de que el día grande de Toledo, el Corpus, se aproxima. Pero no sólo la vieja ciudad castellana se engalana y festeja. Toda la geografía toledana, desde La Jara a La Mancha, desde Talavera a Villacañas, se viste de fiesta. Danzantes, rondallas, procesiones, manifestaciones reivindicadoras de los maltratados derechos laborales y económicos, carreras populares. Y así un largo etcétera de las más variopintas manifestaciones se derrama por calles, plazas, campos.
Mayo es anuncio de gozo y alegría, luz y color, esperanza y optimismo. Cuando los hermanos Limburgo decoraron ese espléndido libro de horas, joya del arte medieval, que es Las muy ricas horas del duque de Berry, al representar el mes de mayo, lo hicieron exhibiendo, bajo un fastuoso cielo azul lapislázuli, un cortejo festivo, principesco, mostrándonos la joie de vivre, alegría de vivir, propia de este tiempo, ensalzado, asimismo, por poetas y artistas, como el delicioso poema de Lope de Vega titulado Mayo, donde canta al amor, un lugar común en primavera, señalando en una de sus estrofas: «Los que eran amantes/ amaron de nuevo/ y los que no amaban/ a buscarlo fueron».
Y como finalizan los mayos en honor a la Virgen de la Piedad, en Villanueva de Alcardete, me despido con mis mejores deseos para este hermoso mes: «…adiós, rosa pura, que mayo te guarde, toda tu hermosura».