BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Lo que se ve venir

La actitud de los partidos independentistas catalanes que por mor de los azares del destino se han convertido, una vez más, nada menos que en árbitros del porvenir político de España, tiene muy preocupado incluso a los que pusieron su confianza en el Partido Socialista de Pedro Sánchez. Por culpa de su torpeza política y su falta de perspectiva de futuro, se ve hoy necesitado de la abstención de ERC para formar ese ‘Gobierno de progreso’ al que aspira. Ya no sólo se ve obligado a lidiar con el morlaco de Pablo Iglesias, que, encantado de conocerse, le pide lo que no está escrito de cara a ese pacto de gobierno PSOE-UP, sino que de paso tiene que habérselas con los que pacientemente han esperado su oportunidad, que no son otros que los independentistas catalanes, que ven los cielos de sus pretensiones abiertos de par en par.
Lo vengo reiterando: triste el papel de Iceta y su PSC en el porvenir próximo de España; su ambigüedad, su complejo de inferioridad frente a los ‘catalanes puros’, sus ansias de alcanzar un acuerdo a lo Pi i Margall, podría muy bien llevarnos a la perdición. El papel del tonto útil, como el del villano, que provoca catástrofes sin darse cuenta, es muy a tener en cuenta en este affaire. Merece la pena arriesgar cuando sabes que alguien cumple y juega limpio, pero hace años que sabemos que tanto ERC como JuntsxCat y la CUP venderían su alma al diablo para decir adiós a España. Su juego siempre se ha basado en la sedición, en la mentira y en la propaganda. Y así, reconozcámoslo, es imposible alcanzar ningún tipo de acuerdo satisfactorio.
La España nación de naciones superpuesta a la región de regiones no es más que una patraña más destinada a zapar la unidad de una gran nación, posiblemente la primera de Europa en cuanto antigüedad. El dogma ‘Cataluña es una nación’, acompañada de Euskadi, Galicia y los Países catalanes, incluidos el Rosellón, la Cerdaña, es una forma de (perdonen el exabrupto) de meterla doblada, o bien, meterla un poquitín para un poco más tarde decirte: Ahí te quedas. Ellos, los enemigos de España (seamos valientes y designémoslos por su nombre), saben lo que quieren, y lo quieren todo y cuanto antes; los amigos de Izeta y Maritxel sólo saben ceder terreno con la esperanza de que ganarán la guerra, de ahí que se estén planteado aceptar esa mesa de negociación a cuatro patas, de igual a igual (es decir que el Gobierno elegido por lo españoles sea uno más), e incluso, como exigen los pujolistas, con un mediador internacional (véase barbaridad semejante), a ser posible de los suyos; e incluso que en esa mesa participen Junqueras, traído expresamente de la cárcel, y el propio Puigdemont, de regreso del exilio en olor de santidad. Y, por pedir que no quede. Por supuesto, los temas a abordar serían, la amnistía de los presos y exiliados (¡menuda bofetada a la Justicia!) y, naturalmente, el referéndum de autodeterminación.
Un precio muy justo, como podrá ver, señor Sánchez; un precio que, perfectamente edulcorado y envuelto en celofán y con lacito rosa, sería presentado a la ciudadanía que otrora le votó, con el lema: La Moncloa bien vale una misa en Montserrat. Y todo ello con el aval de su socio Iglesias, para quien todo hay que supeditarlo al ansiado poder. Pero lo cierto es que no es eso, como decían Ortega y Marañón cuando vieron lo que había hecho Azaña y Largo Caballero con la tan ansiada Segunda República. Hubo un presidente en la Primera República que dimitió antes que firmar una pena de muerte. Lo que Rufián y los suyos le piden es pegarse un tiro en el pie. Hable usted con Manuel Valls, por favor, y escúchelo antes de tomar una decisión que le haga perder la mitad del electorado. No todo es válido en política y lo que le exigen por una simple abstención que le permita alcanzar la Presidencia de Gobierno sobrepasa todo lo permisible y admisible. Obre en consecuencia, por favor. Vaya allí donde pueda hallar magnanimidad o retírese a sus cuarteles de invierno.