El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Normalidades viejas

17/06/2020

Leo estos días ‘La peste’ de Albert Camus, sin duda condicionado por la experiencia tan extraordinaria que acabamos de vivir, y me sorprenden las coincidencias entre lo que una obra de ficción relata y las respuestas que desde la irrupción de la Covid-19 hemos ido dando. Y de igual modo que en la novela las percepciones de los protagonistas van evolucionando y transformándose, observo retrospectivamente las diferentes e incluso contradictorias reflexiones que se han ido haciendo a lo largo de estos meses. Entre las mismas destacan las previsiones acerca del futuro, sobre la sociedad que surgiría cuando llegáramos, por fin, al final del oscuro túnel en el que nos hallábamos prisioneros.
Eran muchas las voces que, desde un optimismo voluntarista, proclamaban la bondad del porvenir, ‘saldremos mejores’ se decía y así al menos lo queríamos creer, a modo de consolación ante el terrible drama.
Otros, porque agoreros siempre han existido en el devenir de la humanidad, se angustiaban ante la distopía que se iba día a día encarnando y que nos recordaba que el mito del progreso, tan caro a los ilustrados, no es más que una quimera, una y otra vez desmentido por la tozudez de los dramas de la historia.
Pero la realidad, frente a los discursos maniqueos, se nos muestra mucho más compleja. A lo largo de estos meses hemos visto como ha habido gente que ha sacado lo mejor de sí misma, llegando a una heroicidad cotidiana que nos ha reconciliado con lo más valioso del ser humano. Al contrario, hemos visto personas que han extraído el poso de mal, de odio, de intransigencia y violencia que yace en el fondo del alma humana. Y la mayoría hemos permanecido en una región en la que la mediocridad, quizá en ocasiones áurea, era la norma.
Estamos ya instalados en lo que el lenguaje político oficial ha denominado, en pedante y lamentable traslación del inglés, ‘nueva normalidad’. Que, sin embargo, y más allá de elementos llamativos como es la utilización de la mascarilla y ciertas molestias como el tener que hacer cola para casi cualquier compra, es, de hecho, y afortunadamente, volver la normalidad de siempre.
Porque frente a quienes pensaban que la pandemia iba a producir una transformación honda de la humanidad, llevándonos a la utopía de un mundo armónico, en el que los seres humanos alcanzaríamos un equilibrio cósmico con el planeta, lo que hemos visto han sido terrazas llenas de gente que lo que quieren es tomarse una cerveza fresca compartiendo una charla sosegada con los amigos. Me parece la mejor metáfora de los supuestos nuevos tiempos, el mayor mentís a quienes, desde impostadas superioridades intelectuales, ignoran la realidad más profunda de las personas sobre las que dicen pensar, tratando de marcar pautas de comportamiento elaboradas sobre el guión predeterminado de lo políticamente correcto.
Brindo con ustedes, desde esta terraza literaria, con una cerveza, por las viejas normalidades.