VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El edificio sobre las ruinas

01/11/2020

Los Presupuestos del Estado elaborados por el Partido Popular en 2018 van a pasar a la historia tres años después. En los casi 30 meses que lleva en el poder, Pedro Sánchez no ha sido capaz aún de aprobar unas cuentas públicas aunque hayan mediado dos elecciones generales y un acuerdo de coalición que supuso el engaño a los electores que le votaron, aunque a la mayoría no les importe. Ahora ha nacido al fin un nuevo proyecto presupuestario que sepulta al de Cristóbal Montoro y Mariano Rajoy, viejas reliquias trasnochadas en la actual España del progreso pandémico. ¡Tanta descalificación a los números conservadores, y al final han servido para guiar el barco durante tanto tiempo!.

Mientras los socios europeos evitan elevar la presión fiscal sobre las familias y las empresas, el gobierno de izquierdas en España elige el camino contrario. Y hay para todos. Las empresas tendrán su particular saco de golpes en el año más terrorífico que se recuerda en este país desde la Guerra Civil. Pero nada de eso es impedimento para el gobierno, que castiga a los creadores de empleo con subidas de impuestos y una estrategia ideológica con la que alimentar a sus huestes: reducir las plusvalías generadas por dividendos y participaciones de las empresas en filiales. Traducido: usted es una multinacional, y por lo tanto pase por taquilla. O por la quilla, para buenos entendedores.

Los ciudadanos absorberán igualmente su parte de los golpes fiscales para que el gasto público multiplicado tenga los suficientes ingresos. Los ricos pagarán la subida del gasóleo. Y los pobres, y la clase media. Todos los que utilizan ese combustible fósil serán paganos, y no las rentas altas como se nos está asegurando. Y por supuesto, los propietarios de viviendas en alquiler, demonios con cuernos y rabo que explotan a los obreros, que verán cómo lo que era una economía de mercado se convierte en mercado intervenido por los poderes públicos para que sus ahorros de toda la vida se conviertan en una carga imposible de mantener, hasta que decidan retirar su inmueble de la oferta de alquiler.

Los Presupuestos de Sánchez e Iglesias son un edificio construido sobre las ruinas de un país con la economía devastada, por mucho que en los telediarios nos digan lo contrario. Están edificados sobre una base imposible de cumplir, un crecimiento del 9% de la economía española y un déficit de las cuentas públicas del 7%, magnitudes de muy difícil cumplimiento en el actual estado de las finanzas colectivas. La UE, que tiene que revisar estos presupuestos y validarlos, y vigilar que el dinero del Fondo de Reconstrucción y Resiliencia no se destine a pagar cosas para las que no ha sido concebido, tendrá la última palabra.