RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


El trile de reindustrializar

23/05/2020

Reconozco que en los días más dramáticos de esta crisis he estado a punto de comprar la mercancía averiada de la reindustrialización. ¿Y si es verdad que España lo que necesita es dejar de depender del turismo y los servicios y pasar a producir cosas tangibles, cosas que se puedan tocar con la mano, como respiradores o barras de metal? Por fortuna se me ha ido aclarando el juicio al ritmo que se doblaba la curva de contagios.
El argumento lo tiene todo para triunfar en una tertulia. Se defiende lo físico frente a lo intangible, la concreción de lo antiguo frente a la incertidumbre de lo nuevo. La vuelta a los buenos viejos tiempos, a las fábricas con sus turnos y sus sindicatos, a las condiciones laborales decentes y los contratos para toda la vida. Como si la industria tuviese algo que ver con eso en el 90% del planeta, donde los obreros viven bastante peor que cualquier camarero estacional en España. Se da por hecho que crear trabajo industrial equivale a convertir nuestro mercado laboral en el alemán. Como si no hubiese gente viviendo muy bien del turismo. Como si un país pudiese elegir que de qué quiere vivir a la carta.
Mi abuelo trabajó en Duralex durante muchos años, con unas condiciones decentes, en un puesto del que siempre se sintió orgulloso y que le sirvió para dar de comer a su familia. Un par de décadas después de que él se jubilase, un buen amigo encontró un trabajo temporal en esa misma fábrica. Lo contrataban por días. Lo llamaban por la noche para acudir al día siguiente de madrugada. Tras cinco o seis peonadas repartidas en varias semanas, lo acabaron despidiendo de malos modos cuando porque se quemó las manos y dejó caer un objeto. Y a los pocos meses encontró un trabajo estable. En un bar de Barcelona de camarero.