PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


La caza en los tiempos del Covid

09/10/2020

El virus ha afectado a todas y cada una de las actividades humanas. Nos ha pasado y nos está pasando como una apisonadora por encima y ha arrasado con tradiciones, hábitos, costumbres y con nuestra propia manera de vivir. Nada se ha librado de su embestida. La caza, desde luego, tampoco puede sustraerse a él.
Ayer día 8 comenzó el desvede general en nuestra región y este fin de semana será el momento en que Castilla-La Mancha iniciara una temporada alta en muchos territorios en cuanto a lo turístico y lo económico se refiere. Nuestra comunidad es un referente nacional y mundial en el mundo cinegético pero este año será sin duda muy diferente y desde luego sufrirá lo suyo por causa de la enfermedad.
 Lo hará en el terreno económico pues desarrollar la actividad va a tener toda una serie de complejidades y dificultades, amén de que los cazadores extranjeros quizás se piensen bastante el venir y otro tanto les sucederá a los de propio territorio nacional. Algunos por precaución, pero los más por imposibilidad. Madrid está confinado y sus habitantes no pueden salir ni de la capital ni de otra serie de poblaciones más.  Un total de cinco millones de personas no pueden salir de su lugar de residencia y entre las causas justificativas no está, desde luego, el irse a cazar.
 El propio ejercicio de la actividad cinegética va a estar, para los que puedan practicarlo, no exento de complejidad. Los protocolos Covid son lógicamente rigurosos para asegurar protección y evitar contagios. Para el cazador solitario, por ejemplo, las esperas de jabalí, o para quien sale tan solo con la compañía de su perro a la caza menor el problema disminuye mucho hasta ser residual.
Pero la caza es, por lo general y por rito y esencia una actividad social, de cuadrilla, de amigos, de encuentros. En las pequeñas partidas de caza menor, mantener las distancias, llevar protección en los encuentros, evitar los contactos serán inconvenientes y que además se tendrán que extremar cuando se produzca el ritual primero de la reunión matinal que habrá que anular en muchos casos y otro tanto a la comida o el taco posterior donde también será necesaria todo tipo de autocontrol. Limpieza de armas, utensilios y demás será también un añadido y necesario incordio.
Pero donde el problema se extrema es ya en las grandes batidas de caza mayor o los ojeos de perdiz. Poderlo llevar a cabo va a ser muy peliagudo y complicado, por el número de gente que se da cita, que tiene sortear, colocarse en las posturas, comer, ojear, cobrar. Vamos, que lo de cazar, cazar es casi lo que menos complicaciones va a tener. Pero todo lo demás va a ser verdaderamente peliagudo poderlo hacer.
 Sin embargo, estoy convencido que la actividad con todas sus complejidades se pondrá en marcha y alcanzará el nivel que pueda alcanzar y desde luego será sensiblemente inferior al de años anteriores. Lo que sí es importante será extremar precauciones pues sería letal que se produjera por alguna imprudencia o por incumplir la normativo un brote masivo en alguna montería o en alguna cacería de menor. La clave estará siempre en lograr llegar al puesto o a la ‘mano’ habiendo evitado cualquier tipo de aglomeración, de contacto multitudinario y hasta de pequeños grupos, porque el tiro del virus desde luego que no se le puede ver venir. Y lo único que podemos hacer por el momento es ponernos a cubierto de él. La temporada ha comenzado. Habrá que hacer todo lo posible para que se pueda concluir sin que la noticia sea otra que este año ha criado muy bien la perdiz y que hay una barbaridad de jabalíes. Y todos los cazadores y los que no lo son, sabemos a lo que me estoy refiriendo.