LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Proyecto común

Entre el cambio climático y el deterioro que sufren algunas mentes -no hace falta que nos metamos en el terreno de lo público, sino en una consulta médica, en un supermercado o en redes sociales-, el futuro que nos espera es muy desalentador, si no se remedia, y parece difícil hacerlo. Si alguien preguntara sobre los deseos para este 2020 que entra es que el conjunto de la sociedad tuviera un comportamiento adecuado, respetuoso con los demás, en contra de lo que nos revela la toxicidad que envuelve el ambiente y la ya tan repetida frustración individual. 
La verdad es que este escaparate que nos ha colocado la tecnología digital, además de para engordar egos, desarrollar mercadotecnia, intoxicar de forma organizada y desinformar, nos revela una cruda y triste realidad, como es el ser humano desnudo. ¿Cómo puede ser posible tanta estupidez, frivolidad, desconocimiento, envidia, incluso maldad? 
Independientemente de las diversas interpretaciones políticas que se plantean al mensaje de Navidad del Rey, este dejó muy claro «que corresponde al Congreso tomar la decisión que considere más conveniente -en la investidura- para el interés general de los españoles», por si alguien no lo tiene claro para tratar de eludir responsabilidades, se debe hacer hincapié en el papel que les corresponde a los ciudadanos, reflexiones que se pueden asumir, incluso desde ámbitos republicanos: «El progreso de un país depende, en gran medida, del carácter de sus ciudadanos, la fortaleza de su sociedad y el adecuado funcionamiento de su Estado». 
Y una advertencia del Monarca: «No debemos caer en los extremos, ni en una autocomplacencia que silencie nuestras carencias o errores, ni en una autocrítica destructiva que niegue el gran patrimonio cívico, social y político que hemos acumulado». Son palabras con sentido común que deben estar por encima de interpretaciones políticas o partidistas. 
Hay que compartir con el Rey que «debemos tener una confianza firme en nosotros y en España, que siempre ha sabido abrirse camino cuando hemos afrontado el futuro con responsabilidad, generosidad, rigor, determinación, reflexión y serenidad. Y tenemos razones sobradas para tener esa confianza». Quizá es demasiado optimista pensar en una sociedad con elementos capacitados para no perderse en la anécdota y trabajar en un proyecto común, también con ese «impulso de la solidaridad, la igualdad y la libertad como principios vertebradores de nuestra sociedad, haciendo de la tolerancia y el respeto manifestaciones del mejor espíritu cívico de nuestra vida en común», del que habló Felipe VI. El mensaje fue para todos, no para una interpretación estrictamente desde el ámbito político, sino para que meditemos nuestro papel como ciudadanos de un país y responsables de su futuro y de una convivencia en paz.



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