Cabalito

Ignacio Ruiz


Carga emocional

09/09/2020

Eso es lo que llevan nuestros hijos en la mochila del colegio. Desde todos los puntos cardinales les han bombardeado con que el Covid19 se puede llevar por delante a sus mayores, y los contagiadores podrían ser ellos.
Llevan 6 meses sin jugar, apenas, con otros niños de su edad, deseando volver a su clase en el colegio, ver a sus amigos y desean sonreír, con libertad y ligereza, como antes. Pero les cuesta. ¿No se han dado cuenta? Los niños llevan una carga emocional que a muchos mayores, incapaces de sobrellevarla, les está machacando por dentro.
Y la vuelta al cole, su horizonte más cercano para volver a lo que era su antigua vida, lo han convertido en un nuevo campo  de batalla. Y todo por cabezonería o simplemente por incapacidad en las filas gubernamentales. No han dado instrucciones, ni trabajado en las posibles soluciones, ni tan siquiera en las consecuencias que ello traería.
Pronto los noticiarios se llenarán de sucesos, cierres, contagiados y vuelta al confinamiento. Ese es el halo de esperanza que les estamos dando, además de cientos de advertencias sobre los peligros que van a correr.
Démosles deseos de un mañana mejor, de una pronta llegada de la vacuna, de la que ansiamos resultados positivos pronto. Es imposible no escuchar malas noticias, rodeando a los pequeños. Busquemos que ellos vivan su infancia, pero no les convirtamos en pequeños individuos desgraciados y desesperanzados. No tienen que vivir al margen de la realidad, les tenemos que conseguir una realidad en la que puedan vivir, es nuestra obligación.
Construir esa realidad, esa obligación moral a la que nos vemos abocados, no se hace castigando contra la pared al que piensa distinto, ni insultándole o vejándole. Esa no es forma de pedir arrimar el hombro, o pedir que le echen una mano. Es morder la mano del que te ayuda, o te quiere ayudar.
Esta carga emocional no será solo la de los niños en la vuelta al cole, será la carga moral de aquello que se tuvo a mano y no se quiso conseguir, una nueva normalidad en la que no estaría erradicado el virus, pero sería mucho más fácil convivir con él. No lo han conseguido, se enrocaron y no escucharon, ¿pesará esa carga en sus conciencias?