LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Luna de abril

01/04/2021

Carlos Cano se enamoró de la luna de abril viéndola sobre Granada. Estos días la contemplo yo inmarcesible sobre Toledo y me extasío con ella mientras voy del corazón a mis asuntos. Creo que no somos conscientes del lujo que supone vivir en una ciudad como esta, dormida sobre la roca durante siglos y observándose en la peñascosa pesadumbre de la que emerge. Uno piensa en todos los que vinieron antes que nosotros y también se enamoraron de Toledo y echa un vistazo a la Peña del Rey Moro con cierta indulgencia. Quién pudiera pasarse la vida allá arriba viendo la caricia del río desde la mañana al atardecer.
Este año no hay Semana Santa de procesiones, pero la luna luce tan espléndida como siempre en primavera. Hay quienes desconocen que la Pascua de Resurrección se fija en el primer domingo de primavera tras el primer plenilunio de la estación. Viene ocurriendo así desde el Concilio de Nicea, en el 325, y no admite cambio por más que el Papa moderno lo haya planteado en voz alta. Por eso la Semana Santa no tiene fecha fija y cambia cada año, porque va con la luna. Cuentan los Evangelios que Jesús se retiró al Monte de los Olivos para orar y la luna era sola compañera de sus angustias. Los apóstoles dormían la mona sin saber lo que se venía encima y que la historia más grande jamás contada sucedería delante de sus ojos. Cristo le dijo al Padre que pasara de Él su cáliz de amargura. Pero estaba escrito en los profetas y se cumplió. No abrió la boca, como un cordero llevado al matadero. Clava, rompe, mata, pero pronto, hazlo pronto o yo me voy a arrepentir.
El Jueves Santo es el día más hermoso del año porque arrastra todo el poso y sedimento de una tradición legendaria. Cuando veo que las nuevas generaciones obvian la cultura religiosa, no salgo de mi asombro al comprobar su estupidez en las cosas que se pierden. Uno puede tener fe o no, es lo de menos; la fe es un don y encima hay que cultivarla. Pero lo que no puede es cerrar los ojos a la maravilla que hicieron los siglos y los padres que transitaron por ellos. El Jueves Santo es el día del Amor Fraterno, de la entrega sin límite, del Pan y el Vino, la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre, la institución del sacerdocio y encima el lavatorio de pies. Creo que es este último rito uno de los más impresionantes y sobrecogedores de la Historia, aquel del que se sabe primero y se coloca el último. Por eso Pedro no lo entiende y le objeta a Jesús que jamás le dejará que le lave los pies. Y el Cristo se apiada de él diciéndole que quienes están limpios no necesitan lavarse todo el cuerpo. La enseñanza brutal, inigualable de Jesús en el Evangelio, serviría incluso para un tratado de política. Por eso ahora no hay líderes, porque vienen a servirse y no a servir. Buscan su interés y no el de los demás. Y ante eso, es imposible pedir sacrificios y entrega, porque no existe autoridad moral. El líder es aquel que sabe lo que hay que hacer y se pone el primero a ello. No a decirlo; a hacerlo. El ejemplo es el testimonio imperecedero de la enseñanza y la educación, algo que nuestros gerifaltes olvidaron.
La luna de abril cuelga de la ciudad y la señala como Jerusalén de Occidente. Toledo tiene uno de los ritos más antiguos como es el hispano mozárabe. La liturgia que yo vi en la Catedral durante el Triduo Pascual sobrecoge por la brillantez de sus símbolos. Espero que los corderitos sigan saliendo a hombros de los seises. Es más Semana Santa que nunca. Cuídenla y cuídense.