Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Salud o economía: ¿es que no es lo mismo?

03/05/2020

Obviamente el título es exagerado. Claro que no son lo mismo economía y salud, pero tienen tantos puntos comunes, son tan interdependientes, que es una verdadera quimera tratar de separar ambas materias y una monstruosidad contraponerlas.
Me he preguntado en más de una ocasión la razón por la que la riqueza tiene tan mala prensa, tan mala fama y es un símbolo del más rancio y retrógrado conservadurismo, cuando la riqueza es lo que nos permite la calidad de vida que disfrutamos en Occidente, que nos ha llevado a una esperanza de vida que jamás se había soñado.
En este momento en el que ambas materias han dado un serio disgusto a la humanidad, en España estamos haciendo con ellas como casi con todo a lo largo de los últimos siglos: dos bandos, las dos Españas, incompatibles y peligrosas. Orden o libertad; religión oficial o agnosticismo militante; escuela pública o escuela privada; Betis o Sevilla; Joselito o Belmonte… aunque viajaran juntos y solo al llegar a la estación se separaran, saliendo por puertas opuestas del tren, retándose para seguir inflando una rivalidad de marketing que llenaba las plazas… y muchos bolsillos.
Ahora parece que ser de izquierdas es ponerse del lado de la salud, frente a la derecha que supuestamente da prioridad a la economía. Como si la izquierda no necesitara alimentos, medicinas, elementos de comunicación y todo lo necesario para vivir, y la derecha no deseara estar sana para garantizar la propia vida. Como vemos, son posturas absurdas y fruto de unas mentes tan pobres como la gestión del gobierno que lo fomenta.
No sé si para tapar la nefasta gestión o quizá por propia filosofía, nuestro gobierno está planteando el reinicio de la actividad económica como una concesión graciosa a los empresarios por la que deben quedar eternamente agradecidos. Por eso no comprende que, los hosteleros por ejemplo, se quejen de las condiciones que lleva consigo tan magnánima licencia. De hecho, ante estas protestas, una de las ministras ‘competentes’ en la materia -ya quisiéramos que hubiera alguna- se permite decir aquello de «pues si no les gusta, que no abran». Como si la apertura de estos y otros establecimientos y negocios fuera un capricho que solo generara beneficios al empresario. Como si, en primer lugar los consumidores, que somos todos, no viéramos con ello cubiertas parte de nuestras necesidades. Como si no fuera la forma con la que los trabajadores se ganaran la vida y como si, finalmente, no fueran la vaca que la Administración ordeña para pagar tantas necesidades sociales como requiere un Estado moderno, incluso otras que serían perfectamente prescindibles, como un consejo de ministros superpoblado y otro sinfín de canonjías y prebendas de las que disfrutan nuestros ‘generosos’ gobernantes.
Parece de Perogrullo que no tenemos más remedio que hacer convivir la salud con la actividad económica, porque, aunque a primera vista puedan parecer bienes contrapuestos, a poco que pensemos veremos que solo una floreciente economía permite una cuidada salud. ¿Cómo se pagan todas las medicinas y equipos necesarios para preservar y recuperar la salud? Solo los estúpidos pensarán que, como lo paga el Estado, no lo paga nadie, en lugar de saber que, precisamente porque una buena parte la paga el Estado, la pagamos a escote. Por tanto, tomémonos en serio la economía.