El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


Verdad y libertad

04/09/2020

Dijo Jesucristo que la verdad nos haría libres, pero no deja de apreciarse cierta tensión conflictiva entre ambos conceptos. Si la verdad se impone siempre, no habría libertad para expresarse en contra de ella; y si es la libertad la que maximizamos, habría un derecho a mentir. No creo que este derecho pueda proclamarse con carácter general, pero sí hay que defender un derecho a cuestionar la ‘verdad’. La propia jurisprudencia ha aclarado que el requisito de la veracidad no conlleva una exigencia de total exactitud, sino más bien la de contrastación diligente y razonable. Por lo demás, el conocimiento científico nunca habría progresado si no se hubiera permitido el cuestionamiento de esa ‘verdad oficial’. Sin hipótesis ni teorías previas (casi siempre más o menos especulativas, y desde luego inicialmente no contrastadas) es imposible la ciencia. Hoy nadie mínimamente sensato e informado puede defender que la Tierra sea plana. Pero si basándonos en eso, justificamos que se prohíba realizar esa afirmación, para ser coherentes deberíamos valorar positivamente que se impidiera en su día a Galileo defender la forma esférica de nuestro planeta y su movimiento alrededor del Sol.
Esta maldita pandemia parece estar sirviendo a algunos para justificar la censura o la prohibición de ciertas afirmaciones. En nombre de la verdad se ha defendido el filtrado de todo tipo de afirmaciones en redes sociales, y muchos parecen ver bien que se prohíba o censure lo que se ha dado en llamar  ‘negacionismo’, que muchas veces no va más allá de cuestionar la eficacia de las mascarillas y otros remedios. El desacuerdo de las personas sensatas con esas afirmaciones tiene en realidad como base solo la creencia de que la información más fiable es la que sostiene la eficacia de esas medidas. En todo caso, jamás postularía que no se pueda defender lo contrario. Es verdad que hay una enorme confusión social sobre el coronavirus, pero tampoco se puede echar toda la culpa a la transmisión de especulaciones o bulos, ya que la información ‘oficial’ ha sido también confusa, cambiante y bastante insegura. La petición desesperada de los responsables gubernamentales a los ‘influencers’ para que difundan esa ‘verdad’ es el reconocimiento más clamoroso de la ineficacia de la gran cantidad de canales y vías más o menos ‘oficiales’. En fin, por supuesto todos deben cumplir la ley, pero igualmente pueden cuestionar su fundamento científico. En la historia, la verdad jamás ha sido el resultado de la censura o la prohibición, sino de la libre exposición de teorías y de su contraste. Tan correcto como que la verdad (el conocimiento) nos hará libres lo es que la libertad, en un Estado democrático, ha de ser el único camino hacia la verdad.