En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


España en marcha

03/05/2020

Es preferible tener una estrategia, aunque sea equivocada (porque siempre puede rectificarse), que no tenerla. Iniciamos la desescalada. Cada uno de nosotros debe asumir ahora mayor responsabilidad para alcanzar esa ‘nueva normalidad’ a la que se nos ha emplazado.
Al anunciar las fases de esta etapa, el presidente Sánchez dijo que la ideología del Gobierno era salvar vidas y poner a España en marcha protegiendo la salud de los españoles. Al escuchar lo de ‘España en marcha’, recordé el poema de Gabriel Celaya así titulado, que tanto nos enardecía en las postrimerías del franquismo cantando por Paco Ibáñez: «Españoles con futuro / y españoles que, por serlo, / aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno».
Aquel cántico apostaba por lo mejor de nuestro país, transformando aquel presente en un futuro nuevo y alentándonos a anunciarlo en las calles. Afrontamos la salida de esta crisis, convencidos de que algunas cosas deben cambiar. La pandemia nos ha confirmado que debemos fortalecer pilares esenciales para nuestra convivencia, seguridad, economía y bienestar. La sanidad pública es uno de ellos, reforzándola como derecho fundamental, universal e irrenunciable. Igual consideración debe darse a la asistencia a las personas mayores, a dotar con más recursos la investigación científica o a considerar prioritaria la repatriación de procesos productivos esenciales evitando depender de terceros países y de circuitos comerciales especulativos, como nos ha ocurrido con los equipos de protección sanitaria, dotaciones hospitalarias o materiales de diagnóstico.
El coronavirus nos ha situado ante nuestras vulnerabilidades. Debemos corregir cuantas fragilidades, individuales y comunitarias se han evidenciado. Durante próximas semanas todo volverá a ponerse en marcha. Además de censurar o reconocer los errores, aciertos, dudas o rectificaciones acumuladas por quienes desde diferentes ámbitos están al frente de esta pandemia, los ciudadanos debemos coadyuvar a doblar el doloso pulso que el Covid-19 nos está echando. Si en vez de asumir ese protagonismo con disciplina, solidaridad y responsabilidad, nos regodeamos en la inveterada cólera del español sentado, aquel que discute todo sin mover un dedo por cambiar cuanto critica, de poco habrán servido los esfuerzos realizados y el inmenso dolor acumulado.