Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Barro, prostitución, política…

09/10/2020

Es obvio que estratégicamente, la izquierda es muy superior a la derecha. Como los charlatanes de ferias, tienen más soltura dialéctica que el circunspecto ciudadano, al que le tiembla la voz con que lo pongan un colador delante de la boca. Por otra parte, como la izquierda se dedica a repartir lo que los demás producen -ya saben que es más fácil prometer que dar trigo- su producto se vende casi solo. Lo tienen claro: comprar voluntades con dinero ajeno y luego, cuando vacían los graneros, mandan a la derecha que los vuelva a llenar. A ellos, eso de sembrar, regar, cosechar… les resulta pesado, demasiado trabajoso. Es más fácil administrar el trigo ya limpio de polvo y paja.
Además de esa estrategia clásica y universal de la izquierda, en el momento actual de España, en el que lo que se pretende es una absoluta subversión del sistema sin reparar en gastos, la táctica que añaden es la de la saturación. Esta táctica consiste concentrar todas las acciones aberrantes, de tal forma que la meteórica sucesión de disparates, haga olvidar inmediatamente el de las ocho por la publicación del de las ocho y media. Es, en definitiva, crear un enjambre para que no se distinga la unidad… como confundirse entre la muchedumbre.
Esta concentración de acciones impresentables produce otro efecto, que es que quien lo ejecuta acaba por sentirse a gusto entre la podredumbre, disfrutan como cerdos en una ciénaga. Es el efecto del barro… Me contaban que una vez se inauguró un campo de fútbol de esos hechos de tierra echadiza en un pueblo cercano. Había llovido la noche anterior y el campo estaba como una pista de patinaje. Me decían que al principio los jugadores parecían amanerados no queriéndose manchar, pero, según se iban cayendo, lo que era inevitable, cambiaban absolutamente de actitud y disfrutaban resbalando cuerpo a tierra de una punta a otra del campo. Lo mismo debe pasar a estas señoritas que vemos ofreciendo sus servicios por los polígonos. Me imagino que cuando se inician en la actividad les dará vergüenza, después, al menos viendo el desparpajo y lo explícito de la oferta, no parece que sientan ninguna vergüenza.
Esto mismo ha pasado y está pasando en la política. Hace poco tiempo, a Pedro Sánchez le quitaba el sueño, al menos eso decía, que Pablo Iglesias estuviera sentado en el Consejo de Ministros. Ahora se reparten los dividendos de su acción conjunta y Pedro duerme a pata suelta. De igual forma, no hace tanto que los independentistas iban a cumplir sus penas, además por el delito de rebelión, que decía que habían cometido. Ya sentado en La Moncloa prepara dos caminos para librarlos del cumplimiento de las penas: un indulto y, por si no saliera adelante, una reforma legal por la que condecorará a los condenados por sedición, con la medalla al mérito republicano. Para qué hablar de sus desplantes a la primera Institución del Estado o del nombramiento de una recién jaleadora de prostíbulos y ex ministra como fiscal general del Estado.
Así podríamos ir repasando acción por acción y veríamos que cualquier persona que conociera mínimamente la ética, la estética y el honor, se encerraría en su casa avergonzado. En España sigue triunfando mientras ‘concurso tras concurso’ nos dan el premio ‘membrillo’ que es el galardón del último.