CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


¡Los que se vayan a pegar en cabeza!

La verdad es que oír esta frase me pone los ‘pelos como escarpias’ y volver a sentir la inoperancia, por ser benévolo en mi expresión, y no decir la rabia contenida en una sociedad, la nuestra, llena de violencia sin sentido, de frustración, de odio, de incredulidad, de ruptura de valores democráticos, de «pisoteo de la Constitución que es el Estado de Derecho» y así, un sinfín de desaforadas expresiones, es sin duda, lo peor que podemos vivir en tiempos modernos.
Por eso, al escuchar esta frase de los agricultores ‘echados a la calle’ para arreglar sus múltiples problemas es casi volver a ver a los CDR hace algunos meses, o es preludiar casi aquellos años en que la Segunda República Española pretendía sentar conciencia y provocar esperanza.
Me da igual que haya sido en Don Benito -¡pobre Extremadura!- o en Castilla y León, pobre aquella gran Castilla, reino de reinos, ahora un sueño olvidado o que sea en nuestra querida Castilla-La Mancha, pobre también por eso de no saber si somos Castilla o somos Mancha, porque lo cierto es que España está mal, y si mal van los precios de nuestros productos, no ya tanto por lo que te puedan costar en la compra, sino por lo que nuestros esforzados hombres del campo, aquellos herederos de nuestros abuelos que tenían que «sacar pan de las piedras», perciben mientras que los intermediarios se llenan los bolsillos -según está estipulado el tema-.
Cierto es que debemos de solucionar estos graves problemas y cierto es, que no todo lo que se protesta es razonable, sin duda, por eso, la crispación de la sociedad va en detrimento de estos colectivos, de sus causas justas, de sus penas y responsabilidades y de tantas dificultades, unas más razonables que otras y por tanto, distintas en sus análisis a hacer.
Estoy viendo en mi retina, la cara de los niños que en aquel campo de fútbol canario, vieron al energúmeno saltar una valla para pegar e insultar al árbitro del encuentro. Así aprenden y así ponen en valor sus enseñanzas, haciendo de su mirada inocente, camino de batalla de futuro.
Una u otra razón, nunca será causa ni justificación de escuchar eso de que ¡los que se vayan a pegar, primero!, porque nadie se debe de pegar, ni nadie debe poner en peligro su integridad física por cuestiones reivindicativas legales, ni por razones de odio racial o xenófobo, en deporte, en vivencias sociales o en relaciones, ni por ninguna de las ningunas razones que uno se invente o existan. ¿Dónde está la convivencia, la solidaridad, la comprensión, la razón humana, la conciencia del respeto, la educación recibida? y en eso los jueces deberán ser más jueces todavía, en eso de saber penar a quienes utilizan la violencia desmedida, la crueldad en el desatino, el maltrato, siempre sin razón, en la seguridad de que nadie pueda sufrir ese vandálico acto que la mujer del metro ha tenido que pasar, o que sigan habiendo violadores sin freno, esposos sin escrúpulos, asesinos sueltos, y dejemos de perder tanto tiempo en si Ciudadanos, Podemos, Populares, Socialistas, Nacionalistas o Brexistas van y vienen en sus contrariados discursos, banales muchos de ellos, cuando todo parece derrumbarse en el concepto moral de la educación como germen de vida democrática y honesta.