CRÓNICA POLÍTICA

Isaías Lafuente

Escritor y periodista. Analista político


Zona de riesgo

Seguramente la habrá, pero es difícil imaginar cosa más absurda que repetir unas elecciones con los mismos candidatos que han sido incapaces de gestionar los resultados de las anteriores. Bueno, sí, cabe imaginar un sinsentido mayor: que quienes tienen la oportunidad de sumar para formar un gobierno se arriesguen con la repetición a perder esa oportunidad. Porque el 28 de abril PSOE y Unidas Podemos obtuvieron apenas 44.000 votos más que el tripartito de hecho configurado por el PP, Ciudadanos y Vox. Así que solo caben dos opciones. Que en las elecciones repetidas se repitan también los resultados, sin saber muy bien por qué en las vísperas navideñas quienes hoy no son capaces de alcanzar un acuerdo lo logren entonces. O cabe que la balanza se incline en sentido contrario, por los votos o por el reparto de escaños, con lo que habrían logrado un contradiós inexplicable. 
Juegan estos días los protagonistas del desencuentro, los medios de comunicación y los ciudadanos a señalar culpables del desaguisado. Y es muy difícil dictar sentencia. Porque si pudiera considerarse absurdo que Podemos se negase a aceptar, considerándolo humillación, una vicepresidencia y tres ministerios en julio, también lo es que esa oferta que le servía al PSOE en julio haya caducado en septiembre. Esa sensación se extiende incluso entre militantes de ambas formaciones, incapaces de comprender esta situación de bloqueo. Y no hay que ser politólogo para intuir que muchos votantes que en abril apostaron por un gobierno progresista pasen la factura de su hartazgo en unas eventuales elecciones anticipadas. 
Pablo Iglesias ya recibió la suya en 2016 cuando, al apostar por el sorpasso, se dejó un millón de votos en el intento. Y, como consecuencia derivada, Rajoy no tuvo que mudarse de La Moncloa. En el otro lado, Pedro Sánchez, si los sondeos que estamos conociendo se confirmasen, que es suponer mucho en tiempos volátiles, podría encontrarse el 10 de noviembre con un premio éxito paradójico y envenenado. Quizás gane las elecciones, incluso amplíe su representación parlamentaria, pero se quede sin poder revalidar su corto mandato. Y eso sí que sería técnicamente hacer un pan como unas hostias. Porque en medio de la incertidumbre general, a estas alturas sólo tenemos una certeza: si el PP, Ciudadanos y Vox tienen mayoría suficiente no tendrán ni una duda ni el más mínimo prejuicio para consolidar a nivel nacional su tripartito de hecho.