Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Microbiomas

Un grupo de instituciones europeas y norteamericanas dedicadas a la investigación y al desarrollo tecnológico promueven la instauración del 27 de junio como el Día mundial del Microbioma.
Como la mayoría de los días mundiales, proclamados oficialmente por Naciones Unidas o por aclamación oficiosa de las redes sociales, tiene el propósito de sensibilizar a la población sobre algún asunto que le afecta y del que debería preocuparse y ocuparse más. En este caso, se trata de favorecer el debate público sobre la importancia de los microorganismos (bacterias, hongos, virus, arqueas, etc.) para la salud humana, el medio ambiente y hasta para la prosperidad económica. Para ello, anima a los investigadores a generar conocimiento y difundir los hallazgos de un campo que actualmente es de rápido avance científico.    
Los microbios no suelen tener buena reputación porque instintivamente los asociamos con problemas y enfermedades por su acción patógena, aunque el hombre intuyó desde hace siglos su presencia y utilidad para la elaboración y conservación de alimentos o para la productividad del suelo agrario. El estudio a lo largo de los años nos ha ido ofreciendo evidencias científicas sobre ellos. A Pasteur, pionero microbiólogo del XIX, se le atribuye la frase “El papel de lo infinitamente pequeño en la naturaleza es infinitamente grande”, dando con la clave del papel primordial de los seres vivos microscópicos en los mecanismos reguladores fundamentales para la vida. Hoy conocemos que no existiría nuestro mundo sin microorganismos y que están en todos lados: plantas, animales, agua, suelo, alimentos e incluso dentro de nosotros, viviendo en comunidades que se conocen como microbiomas. Por microbioma se entiende a la población total de microorganismos, con sus genes y metabolitos, que colonizan un determinado nicho ecológico o hábitat con el que mantiene una relación simbiótica y cuyo equilibrio puede verse alterado.
Así, por ejemplo, el microbioma que habita nuestro cuerpo  trabaja con nuestras células para que nuestro organismo funcione correctamente. En algunos foros llega a decirse que los humanos somos superorganismos gobernados por los microrganismo que hospedamos. De hecho, la concentración estimada de microbios en nuestro cuerpo, más de 30 billones, se aproxima al número de células humanas con un ratio cercano al 1:1.
El estudio del microbioma humano, gracias a las técnicas de secuenciación genética y al análisis masivo de datos, ha permitido relacionar su alteración con distintos procesos patológicos, permitiendo desarrollar nuevas terapias con las que recuperar su equilibrio y asegurar su función metabólica. Avances como la descripción de bacterias depredadoras de microbiomas en pacientes con fibrosis quística pulmonar, la erradicación de bacterias resistentes a antibióticos mediante transplantes fecales o el diagnóstico precoz del cáncer colorrectal. Conocer su relación con el envejecimiento, el riesgo cardiovascular, con las alergias o con las caries conlleva también, por ejemplo, a la innovación tecnológica en la industria agroalimentaria para procesar probióticos y prebióticos que cuiden el microbioma.
Cuidar de los microbios no solo es importante para mantener nuestra salud. Empezamos a entender su relevancia para disponer de alimentos, hacer frente al cambio climático, limpiar la contaminación o descomponer el plástico, manteniendo el gran ecosistema.