Nada particular

Jesús Morales


Esperando al final y echarlos

Empiezo la columna como la de la semana pasada tras ver por televisión y escuchar en la radio la intervención inane de Pedro Sánchez que otra vez ha sido incapaz de hacer una mínima autocrítica de la funesta actuación de su gobierno. Ni siquiera una palabra del abuso de su vicepresidente Pablo que ha roto el encierro cuando le ha apetecido. Desde luego Sánchez  como actor no tiene un pase: qué pésima su interpretación de alarma en su cara cementada, qué ceño fruncido perfecto ejemplo de la sobreactuación propia de pésimo aficionado a la interpretación, qué impostado aspecto de asumir/no asumir responsabilidades; en fin qué cobardía mayestática para no hacer referencia a la gran irresponsabilidad que cometieron cuando en plena pandemia contagiosa y tras ser advertidos, alentaron a todo el mundo a asistir a manifestaciones multitudinarias, focos de infección  el día de la mujer.
Tanto disgusto me producen él, su cara, sus vicepresidentes coletudos y sus consejeros áulicos como placer tendré el día que las nuevas elecciones los pongan a todos en la …calle. Me figuro que si la desbordante bellotera Cristina Almeida vuelve a verse en televisión manifestando eso de que más dañino que el coronavirus es el machismo, se le caerá la cara de vergüenza. Ya sabemos que el machismo o mejor, ese criminal cáncer arraigado en algunos dementes de la sociedad también asesina y es criminal, pero eso no implica que la bellotera desbordante haga demagogia de tan baja estofa, el virus es el virus y la lacra machista es la lacra machista. Por cierto que nadie piense que si califico a Almeida de bellotera desbordante la menosprecio; Extremadura se compone de dos provincias, en Badajoz califican a los cacereños de mangurrinos y los de Cáceres llaman belloteros a los de Badajoz y todo eso sin asomo de intención peyorativa. Respecto a lo de desbordante no pienso aclarar nada, cada uno puede estar como le dé la gana, faltaría más. Lo pernicioso es que alguien, mujer u hombre, teniendo facilidad para la demagogia, por barata que sea como Almeida la utilice como un  arma malsana de ventaja. Aunque lo que me ha resultado más duro de Pedro han sido los momentos –varios- en los que miraba a la cámara y pedía ‘créanme’, era cuando sus palabras se me antojaban más y más falsas: ahora suelta una gran trola pensaba yo.
Aquí estamos en casa metidos aburridos como ostras mientras esperamos que acabe esto  a ver qué pasa con asuntos de tan poca importancia como la economía española que se hunde hasta lo más hondo a causa de los que se tomaron la pandemia como una broma más de la que  podían seguramente sacar tajada política. Yo como demócrata convencido espero que finalmente la gente piense en todo esto a la hora de meter la papeleta, en lo que han hecho estos y voten en consecuencia: Hala, a vuestra casa o casoplón.