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Jesús Fuentes

ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Superviviente

14/01/2022

José Miranda Calvo fue un prestigitador, un mago de la vida que nos permitió creer que la inmortalidad era posible. Había sobrevivido a dos guerras y había cruzado la frontera de los 100 años como si tal cosa. Y trasmitía que si él lo podía hacer los demás también podían. Era el efecto contagio que destilaba su personalidad afable y enérgica. Ahora, con 104 años, hemos descubierto que nadie, de momento, puede alterar las leyes de la biología. La última vez que lo vi y hablamos fue en su casa, con su sobrino Jorge Miranda. Debió ser antes de los años oscuros de la pandemia. Estaba, como siempre, lúcido y sonriente. Encantado de recibir visitas. Unos días antes, contaba, había estado el obispo de Toledo y para él eso era un honor. Se mostraba satisfecho de haber vivido como lo había hecho: emprendiendo aventuras físicas e intelectuales. Cumplidos los setenta, presentó su tesis doctoral, demostrando que no existían fronteras que él no quisiera traspasar. Le apasionaba la Historia, tal vez como disciplina que explica a posteriori los acontecimientos que hemos vivido y a los que no prestamos atención porque ocurren sin avisarnos.
Vivió, siendo joven, la guerra civil española y el torbellino sulfuroso de aquella contienda. Terminada esta, participó en el auxilio enloquecido de la División Azul. Varias veces intenté que me explicara las motivaciones que pueden empujar a un hombre a una aventura como aquella. ¿Qué fuegos o qué pasiones empujan a un hombre a salir de su país para ir a luchar a Rusia en apoyo del ejército alemán? Una fuerza minúscula al lado de aquel gigante bélico que intentó, con el mismo resultado que Napoleón, invadir Rusia. Ninguna de las veces que pregunté, contestó. Se evadía con sentido del humor y agudeza de ingenio. Probablemente, como cuantos han vivido experiencias extremas, no quería revivir aquellos acontecimientos que en la distancia nos resultan difícilmente comprensibles. Pero se le notaba orgulloso, y en este trance no sabría decir sí por haber sido protagonista de acontecimientos singulares o por haberse convertido en un superviviente de tiempos aciagos. Su familia, por supuesto, y cuantos le conocimos recodaremos su magia cotidiana y sabremos que hemos perdido a un hombre que hacía prestidigitación con su sonrisa abierta y su mirada acogedora.

ARCHIVADO EN: Toledo, Pandemia, Guerra Civil