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Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Afganistán: una reflexión más desde Serrat y Silvio

07/09/2021

Se están diciendo desde hace años tantas sandeces sobre Afganistán y con tan deficiente enfoque que, visto lo visto durante el último mes, me voy a limitar a subrayar ese hecho a través, también, de otra sandez como la presente.
El problema de fondo de Occidente, agravado desde la eclosión de las redes sociales, es la reducción de cualquier hecho o conflicto a un par de ideas. Primero se hacía para ‘venderlo’ a las opiniones públicas de manera masticada y digerible, y tras la participación masiva de todos nosotros soltando imprecaciones en Twitter, Instagram o Facebook, para reducirlo a una simple frasecita bien hilada. Cualquiera resume en ciento cuarenta caracteres los siglos de incómoda posición fronteriza de esas tierras y de sus tribus, su pretendida independencia para hacer de colchón entre la expansión inglesa desde India y la rusa desde el norte, para finalizar en las últimas décadas como pieza de la pugna geopolítica entre bloques, primero, y después de la rivalidad religiosa y terrorista sobre las brasas de una guerra continua.
La inconsciencia del resto del mundo y la incapacidad subsiguiente me han traído a la cabeza cada vez que salía una información sobre Afganistán, dos pasajes de unas viejas canciones. En Algo Personal Serrat denunciaba cómo los bloques (antes dos y ahora al menos cuatro) se median y mataban en casas ajenas. Está comprobado que a la gente le pesan mucho menos los muertos y desdichas de los que son de otro país, algo contradictorio cuando habitualmente sus enemigos personales son del propio, e incluso de la familia. Viene que ni pintado a este caso.
La segunda evocación llega de Canción en Harapos, de Silvio Rodríguez, que acoge la segunda parte del asunto, que es la reacción de buena parte de todos nosotros. En esa composición afirmaba que es muy sencillo desde la mesa, mantel y cristalería, lanzar alegatos contra los malos. ¿Soluciones? Mira que leo a todos los miles de dolientes que nos solidarizamos con los afganos, y especialmente con las afganas, pero solo se percibe el lamento y una hipocresía densa y persistente.