LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Arenas sangrientas

Cuando se alcanza cierta edad, los matices cobran importancia. La experiencia aporta sabiduría, pero sobre todo nos recuerda las múltiples ocasiones en donde nos hemos equivocado. Según en qué posición nos encontremos, las implicaciones de nuestros actos pueden ir más allá de nuestro perímetro familiar o personal.

Nunca he pensado que George W. Bush fuese una mala persona o que sus intenciones fuesen perversas. Él sabía que no tenía el talento de su padre, el bagaje personal que aporta haber estado en puestos claves pero duros de la inteligencia estadounidense. Su padre fue un hombre extraordinario, cuya visión le permitió comprender que los actos tienen consecuencias.

Pasados los años, George y una parte del partido republicano no fueron capaces de reconocer que la actuación en Afganistán o en Irak fue un fracaso militar y un desastre político. El ataque a las Torres Gemelas requería una respuesta contundente y poderosa, pero creer que se podría cambiar el país fue ignorar la pesadilla soviética reciente o la británica antigua.

Aprovechar la dinámica para derrocar a un tirano demuestra hasta dónde puede llegar la prepotencia intelectual. Fueron tan torpes que nunca pensaron el vacío que causarían, los sectarismos que provocarían y las ramificaciones de su despliegue de fuerza. La intervención años más tarde en Libia, con la caída de Gadafi, provocó un rearme salvaje de Rusia y confirmó la determinación china.

Muchísimos soldados muertos y mutilados han pagado un precio altísimo que acompañará a sus familias. Después de un trillón de dólares gastados la salida en ambos territorios es una realidad inevitable. Cuando suceda, Estados Unidos volverá a recuperar una libertad de actuación y prestigio que ambas acciones han deteriorado.

Por ello, me sorprende el ruido e indignación que ha provocado la decisión de Trump. ¿Es Siria un lugar estratégico? ¿Qué precio en vidas humanas o coste económico debe soportar Estados Unidos? ¿Hasta qué punto deben arriesgarse a un enfrentamiento directo con Rusia, Turquía o Irán?

La salida no ha sido elegante y el infortunio para los kurdos es real. Seguro que Rusia, Turquía e Irán encontrarán a un acuerdo en Siria sin la presencia de ninguna potencia europea. Puede que durante un tiempo nadie confíe en el compromiso americano. Pero me temo que Donald Trump sabe que sus ciudadanos quieren acabar con la sangría humana y económica. La democracia implica descubrir los límites de la paciencia de tus votantes, no la soberbia de las élites políticas.