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Miguel Ángel Sánchez

Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Traduzco instrucciones

10/12/2021

Conduzco con el brillo de Venus en el horizonte. Hace mucho tiempo que anocheció -gírate, mirad un momento la textura de las nubes, el tono perfecto de la luz de diciembre, la atmósfera limpia por el viento que baja y barre desde el los confines del norte, donde el Atlántico debe ser ya hielo. Y ya está. Conduzco con el brillo de Venus vigilando el pasar de los camiones, uno tras otro. Más estrellas sobre los vacíos del Guadarrama, de Magazul. Esta mañana busqué al cometa de diciembre, muy temprano. Al fin lo encontré, diminuto y esquivo entre las barras de nubes, sobre las luces amarillas de Talavera. Pasaban estrellas fugaces y satélites brillantes como diamantes. Y lavanderas de la madrugada asustadas por algún fantasma, volando junto a mí, ateridas y ligeras. Y pasa una lechuza alta y blanca, con su aire desgarbado. Esta madrugada no dormiré y volveré a buscarlo, quizá con un mínimo fulgor verde de esmeralda gastada y pulida en las arenas del tiempo.
Trato de entender un poema de Fatiha Morchid, Vamos a llover. Me lo han traducido del árabe Fátima y Yasmine con paciencia más que infinita; y nos enfrentamos al bosque de palabras, a las medias verdades, a las veladuras sin fin. Les pido que me enseñen, que me descifren. Quizá no haya que entender. Sólo leer. Y, sobre todo, escuchar. Un poema de Pasternak y otro de Morchid. Nieve, velas, hielo. Y pasión, súplica, noche. Dos poemas, entre ellos una época. Traduzco y pino de colores el canto de los pájaros del Tajo. Traduzco canciones. Traduzco instrucciones. Los resultados no son los adecuados. No progreso adecuadamente. Me da igual. Navego en la orilla de Nápoles, en la frontera entre la tierra y el agua, en un territorio incierto y peligroso, en la época mercurial de Chukri, en un derrumbe continuo de libros que quedan abiertos por poemas extraños, por paisajes de noches de insomnio. Una mujer en un poema, que rompe sus costuras. Tenemos que hablar, una conversación como las de las películas de Garci, sin prisas y en plano infinito, como si el tiempo fuera nuestro, y lo demás, ya no importara. Sí, pronto, quizá antes que el Báltico se hiele. San Petersburgo espera.
Compro dos botellas de vino. Y voy a comer a la casa de un amigo, tan acogedora e inmensa como él. Me perderé un rato en su biblioteca. Buscaré libros de poemas y el brillo de un tiempo que ya se me escapa. En los ojos destellos  de cometa y estrellas fugaces. Perito en cometas. Para qué más.