Barrio de Santo Tomé

Juan Ignacio de Mesa


Pinocho

14/09/2020

No creo que Carlo Collodi escribiera Pinocho para que sirviera de referente a los adultos. El cuento en el que el abuelo Gepeto construye la marioneta pensando en tener un juguete que sustituya al hijo que no ha podido tener, quería servir de ejemplo a los niños indicando que decir mentiras no está bien. Así nos ha servido el cuento a todas las generaciones del siglo y medio transcurrido desde que vio la luz. Pero no parece que haya cumplido con su objetivo. Ahora, mentir se ha convertido en un deporte nacional que, por desgracia, no tiene coste alguno en la mayoría de los casos. Se miente sin parar en conversaciones intrascendentes, se miente en lo que se vuelca en las redes sociales sin la más mínima vergüenza. La mentira está en el ADN de muchos y se asienta en todo tipo de colectivos. Hay empresarios que mienten practicando una publicidad engañosa pensando que con ello logran prestigiar un producto mediocre. Trabajadores que engañan en su trabajo, profesionales que no cumplen con su obligación y engañan y mienten con descaro. Y como, generalmente, no pasa nada, la mentira va subiendo de nivel hasta que se encastra en lo más alto de la sociedad. Se nos miente por el Gobierno y por la oposición. Se miente por acción y por omisión o manipulando la información que se nos da. Y todos disculpamos a “los nuestros”. Como ejemplos de mentirosos los hay en todas las trincheras, es fácil disculpar las mentiras de los propios. Y con esta actitud nos convertimos en cómplices. Y como lo justificamos una vez entramos en la dinámica de hacerlo de nuevo. Ya todos somos el Pinocho al que le crece la nariz. Con la décima parte de las mentiras que algunos han dicho, si tuviéramos una moral más estricta, ya habrían tenido que presentar la dimisión muchos de nuestros líderes políticos. Y no pongan Uds. en la lista solo a los de “enfrente”, tengan un mínimo de sentido crítico. Tenemos una obligación moral con las próximas generaciones. Entre todos tenemos que ser el hada buena que salve a Pinocho. Quizás, si eliminamos a los mentirosos, encontremos solución a muchos de nuestros problemas. Estoy convencido que son muchos más los ciudadanos dignos que defienden la verdad que los mentirosos, pongamos a éstos en evidencia.