Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Zarandeos al seguro agrario

La DANA o más sencillo de comprender, la gota fría que ha asolado el sureste del país y provincias castellanomanchegas como la de Albacete, ha azuzado un viejo debate que, desde la crisis económica de 2008, vienen mascullando las organizaciones agrarias, las comunidades autónomas, las aseguradoras, los bancos, cajas e incluso el propio Ministerio de Agricultura (MAPA).
   Y es que, tras los recortes al presupuesto que subvenciona las pólizas, la siniestralidad no ha dejado de crecer con maltrechas campañas agrícolas por fuertes heladas, altas temperaturas, pedriscos o prolongadas sequías que ha llevado a algunas compañías a un serio dilema, incluso a la difícil tesitura de seguir o no dentro del sistema.
   Dicen que su ya “reducido” margen de beneficio, -según fuentes oficiales de un 1 por ciento en líneas agro (frente al 7-8% en otros sectores como el de vida, vivienda etc)-, se estaría viendo resentido por unos episodios que solo responden a un Cambio Climático esperado, aunque muy adelantado. Solo las indemnizaciones que Agroseguro prepara para este último desastre se elevan a 84 millones de euros que se sumarían a los más de 200 millones del año pasado por sequía, y a otra cantidad similar en el anterior. Así, “las cuentas no cuadran si sale más dinero que el que entra”, concluyen desde una entidad.
   En el Ministerio de Agricultura reconocen que todo va demasiado deprisa al apreciar giros de patrones hasta ahora cíclicos que se van dando menos, para dar paso a irrupciones climáticas inesperadas que están dejando a algunas pólizas, coberturas y riesgos asegurables totalmente desactualizados. Por ejemplo, en viña, si el viticultor tiene que elegir entre helada y piedra, contrata ya más la segunda opción. En octubre convocarán un gran Seminario.
   Con todo, la dimensión de esta catástrofe y la conjunción de varias réplicas de fuertes tormentas en días sucesivos con inundaciones, destrozos y seis víctimas mortales, han mantenido a todo un país en vilo, y a un Gobierno en funciones que, en medio de su particular ciclón político, se ha visto arrastrado a escribir con urgencia un Real Decreto Ley con medidas compensatorias y algunas excepciones para llegar igualmente a las fincas que no tenían seguro (bajo determinadas condiciones), valoradas todas en casi 800 millones de euros.
   DANA ha zarandeado al seguro agrario poniéndolo a prueba. Un modelo exclusivo de España, envidiado en Europa y copiado recientemente por Turquía, frente a otros seguros de renta en Canadá y Estados Unidos que al parecer aquí “serían poco viables”. Pero la oportunidad de reclamar su revisión era perfecta, sobre todo viniendo de los tijeretazos del PP de Cristóbal Montoro cuyos Presupuestos Generales siguen prorrogados desde la moción de censura que ensalzó a Pedro Sánchez hasta el Palacio de la Moncloa.
   El propio consejero de Agricultura de Castilla -La Mancha, Francisco Martínez Arroyo, ha querido saltar a la arena marcándose una declaración cual banderilla sobre el lomo de ENESA al reconocer que el seguro agrario “no es suficientemente atractivo para nuestros agricultores y ganaderos, y esto pasa quizás por replantearse las condiciones de acceso al sistema y los riesgos asegurables…”.
   Una declaración muy política, tan valiente como arriesgada, si el problema es de dinero y la solución pasara por subir la partida de subvención de las pólizas como ya había previsto su Presidente en la propuesta de nuevas cuentas de Calviño. Porque aunque el principal porcentaje viene del MAPA (un 35 por ciento de media frente al 10 por ciento de las Comunidades Autónomas), los territorios también deberían asumir más compromiso en ese supuesto como viene haciendo la Junta “desde 2015”. La UE permite articular una cobertura pública de hasta el 65% del precio aunque difícil es que se llegue nunca al techo.
   En este sentido, probablemente sea la vía más rápida, porque mirando datos, si en 2008 había un capital asegurado de 9.000 millones de euros y hoy, con menos dinero es de 14.000, es evidente que la contratación no ha ido a menos. Aparentemente se asegura más.