El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


50 años en la Luna

Esta semana me temo que no voy a ser muy original: el medio siglo desde la primera llegada del ser humano a la Luna da para mucho, y ya corren ríos de tinta sobre el recuerdo de aquella hazaña, su significado, las perspectivas futuras… y, desde luego, sobre las teorías ‘negacionistas’ que todavía existen, y que postulan que todo lo que vimos (o lo que vieron algunos, porque yo tenía un año y realmente no recuerdo nada) no fue más que un montaje. Cada una de esas teorías es más disparatada que la anterior, pero medio siglo después, algunos siguen apuntándose a ellas, a pesar de todas las pruebas y justificaciones en contra. Con todo, creo que ese escepticismo tiene sus motivos -aunque no justificados-: por un lado, lo espectacular e impresionante del reto; y, por otro, su falta de continuidad. Respecto a lo primero, es comprensible que al menos a cualquier profano le cueste comprender cómo la tecnología y la ciencia han podido lograr lo que parece casi imposible. Pero bueno, también a algunos les fascina el hecho de que hayamos logrado que aparatos de hierro que pesan toneladas vuelen por el aire… y no por eso niegan lo evidente. Y en cuanto a lo segundo… no deja de llamar la atención que, medio siglo después, no hay grandes avances en lo que entonces se llamó ‘la conquista del espacio’. Solo unas pocas naves tripuladas más volvieron a ubicar seres humanos en nuestro satélite, hasta que en 1972 ese objetivo pareció abandonarse, y con él otros como el viaje tripulado a Marte o a otros planetas. Pertenezco a una generación que se crió pensando que veríamos esos viajes en los próximos años, y que cambiarían nuestra historia… pero esa idea se ha ido diluyendo con el tiempo, aunque recientemente parece recuperarse.
En todo caso, la magnitud de la hazaña está fuera de duda. Muchos la han comparado con el descubrimiento de América, y si situamos cada una en su época (cuando el ser humano llegó al Nuevo Continente ni siquiera era seguro que nuestro planeta fuese esférico), mucho hay de audaz y sorprendente en ambas. Pero también notorias diferencias, empezando por el mayor riesgo e incertidumbre de la empresa atlántica, y siguiendo obviamente porque en el continente descubierto vivían personas… En todo caso, 50 años después de aquel descubrimiento, en 1542, la historia de Europa (y, por supuesto, la de América) había cambiado para siempre, mientras que ahora, medio siglo después de la llegada a la Luna… seguimos ‘en la luna’ en cuanto a la conquista espacial (en cambio, aquellos ordenadores que entonces parecían inalcanzables y extraños han ‘conquistado’ nuestras vidas cotidianas). Por eso hoy, paradójicamente, la Luna representa más la nostalgia del pasado que un futuro tangible para la humanidad.