Macondo

María Ángeles Santos


Que esperen los arenales

Siempre me ha llamado la atención que sus Majestades de Oriente, con la amplia experiencia que dan más de dos mil años de cruzar el mundo de este a oeste, no hayan tenido tentaciones de quedarse por aquí una temporadita. Vamos, que igual lo han hecho  y no nos hemos enterado, y han llegado a tiempo para pillarle el rastro a la estrella y subirse al camello.
En fin, que con la misión cumplida, los regalos entregados y la adoración  cumplida, ya deberían andar de vuelta, por los arenales, cruzando el desierto para retirarse a sus cuarteles de verano.
Pero este año, más que nunca, deberían plantarse quedarse por estos lares, que no está la cosa en Oriente como para andar de excursiones, por muy Mago que se sea. El caso es que obnubilados como hemos estado entre gistas, investitudar y aventuras catalanas varias, hemos atendido más bien poco (o nada), a lo que pasaba  cruzando la arena.
Y es serio. Tanto como para quedarse, aunque tampoco sea garantía de nada, que los misiles llegan hasta donde quieren llegar. Con la orden de ejecutar al general iraní Soleimani, el presidente de Estados Unidos le ha roto los esquemas a los Magos, y ójalá la cosa se quede ssólo ahí, y no no nos salpique a todos los demás. Porque no solo elimina a un enemigo, sino que ha volado uno de los pilares de su política exterior. Trump amenaza con atacar 52 objetivos iraníes si Teherán golpea a intereses de Estados Unidos. 
Irán ya ha contestado. Los americanos, se arman hasta los dientes. Putin, se va de tournée por Siria, para dejar claro que él, como Teruel, existe. Irak, vela armas. Los Reyes, por los arenales, y nosotros... en medio.
Tengo tan fresca en la memoria la «guerra en directo» , y todo lo que vino después, que no puedo ni imaginar otra otra Tormenta del Desierto, Libertad duradera ni nada de nada parecido. Y ya me cuentan que hay chavales haciendo cola en la soficinas de reclutamiento para defender a su país. Vamos, que han soltado los regalos de Reyes de hace un par de días para agarrarse al fusil.
La carta ya no llegará a tiempo. Pero había que escribirla. Por si Melchor, Gaspar y Baltasar pueden, de verdad, hacer magia.