El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


El momento de la «brocha fina»

26/06/2020

Casi no acabamos de salir del estado de alarma, cuando la aparición de los temidos «rebrotes» de la epidemia vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la cobertura jurídica adecuada para posibles medidas que haya que ir adoptando, si la situación lo requiere (que parece que lo va a requerir). A la pregunta de si haría falta de nuevo el estado de alarma para afrontar esta situación, la respuesta una vez más será «depende del tipo de medidas que se quieran implantar». Desde que se viene diciendo, ya habría habido tiempo para introducir algunas reformas en la legislación sobre protección a la salud, que den una cobertura más clara a concretas medidas, ya que hasta ahora las habilitaciones son demasiado genéricas, e interpretadas de conformidad con la Constitución y el resto del ordenamiento, creo que no permitirían la adopción de medidas restrictivas generales. Con todo, creo que ni con esas reformas podría considerarse lícita una limitación tan general como la «recuperación» de las fronteras provinciales, o incluso la prohibición generalizada de entrar o salir en comarcas o zonas más concretas. Eso requeriría (aunque la cuestión es controvertida, expreso mi opinión) una nueva declaración del estado de alarma, que no necesariamente tiene que abarcar todo el territorio de la nación, ni de una comunidad autónoma o provincia, sino que puede ser -de hecho, debe ser, según el principio de necesidad, y el carácter excepcional de este estado- aplicado solamente a las zonas que lo requirieran, y en la medida que así fuera. Por eso creo que ha hecho bien Aragón en imponer algunas restricciones, dentro de su ámbito competencial, pero en limitarse a «desaconsejar» la entrada y salida en las zonas afectadas. Es sabido que Cataluña ya procedió anteriormente al establecimiento de fronteras internas en algún lugar determinado, pero parece que Cataluña va por libre…
En todo caso, creo que en este momento la necesaria lucha contra un virus que en modo alguno nos ha abandonado debe requerir, con carácter general, medidas más selectivas, centradas sobre todo en las personas contagiadas y en sus contactos. Ello supone, obviamente, la aplicación amplia de medios de los que hasta ahora carecíamos, pero que se supone que hoy sí tenemos, empezando, desde luego, por la aplicación de pruebas o test fiables, y de métodos de «rastreo» del virus y su contagio. Las medidas del confinamiento, e incluso de la desescalada, aunque fueran razonables y no arbitrarias, generaron múltiples situaciones concretas absurdas e injustificadas. Eran medidas motivadas por la premura, y aplicadas con «brocha gorda». Llega ahora, si verdaderamente hemos aprendido y avanzado algo, el momento de la «brocha fina».