Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


100 días tan cerca de ti

21/06/2020

Pasado este tiempo, ¿quién dirías que resultó esencial para ti en cien días de alarma? Conviene la reflexión, si no la hiciste antes, ahora que sales técnicamente del letargo para entrar en el verano más extraño de tu existencia. Y sé que la respuesta es compleja. A todos nos faltaron cosas: quizás salud, afecto, contacto, vida social, más seguridad, trabajo, despedidas, comprensión, valentía, certidumbre, ilusión, proyectos…
Pero frente a los sentimientos puede que encuentres en la desordenada mesa del recuerdo un catalogo de actividades esenciales que fueron cifradas y definidas en Reales Decretos que llegaban al Boletín Oficial del Estado (BOE) como salvoconductos de guerra frente a la parálisis generalizada de un país refugiado e incrédulo a lo que estaba pasando.
Y ahí estuvieron ellas y ellos que, hasta la misma semana de ordenarse el confinamiento, habían desfilado con sus tractores para recordarte que son los que te alimentan, los que mantienen vivos nuestros pueblos, los que frenan el despoblamiento, la erosión y cuidan de los tesoros naturales que ahora quieres visitar.
Como reconvertidos en bomberos del peor fuego que desató un coronavirus, pasaron sin pereza a fumigar las calles para intentar apagar el desastre que ardía a nuestros pies, tal y como hacían en las urgencias de los hospitales miles de médicos y personal sanitario a los que debemos tanto, como mínimo responsabilidad en esta ‘Nueva Normalidad’. Salvaron vidas y en otro escenario, a pie de campo, no sin dificultades, ellos produjeron para que no se apagara ninguna por inanición.
Sé que puede resultar exagerado plantearlo así en la era de la globalización donde no faltan productos porque no hay distancias, pero no debiéramos olvidar que el mundo se paró, cerró fronteras, interrumpió barcos, aparcó aviones, inmovilizó trabajadores dejando activas un mínimo de profesiones esenciales que tenían la urgencia de mantener lo más básico. Y ahí estuvo a pleno rendimiento toda la cadena alimentaria.
Pregúntate por un momento qué habría pasado si hubieran faltado alimentos, si hubieran cerrado comercios, tiendas, si hubieran colapsado otros negocios por el contagio masivo de sus trabajadores, transportistas… ¿Sabías que en Estados Unidos el contagio en varios mataderos puso en alerta a toda la industria cárnica del principal país productor del planeta después de China?
Acuérdate de las colas que hicimos y de las compras compulsivas irracionales que hubo de ordenar con más distancia, pantallas de metraquilato, guantes e hidrogeles, como si vislumbráramos el final de nuestros días, y piensa en un hipotético racionamiento como seguramente temiste alguna vez. Si no pasó, fue gracias a nuestros productores y a toda una industria alimentaria y a la estructura de distribución eficiente que hace posible el milagro en pocas horas.
Son por tanto muchos los héroes de esta primera batalla a los que debemos ese reconocimiento, como poco, un gesto de sensatez en la desescalada que hagamos: con distancia, higiene y prudencia. Porque ellas y ellos ya arriesgaron por nosotros. Y siguen ahí ahora que toca recoger el fruto tras cien días de incertidumbre.
Vienen las grandes campañas agrícolas, las principales recolecciones. Van abriendo bares y restaurantes, otro canal estratégico donde venden su esfuerzo. Así que, si vas desescalando, ya sabes dónde están. Mucho más cerca de lo que imaginaste.