La espada de madera

Bienvenido Maquedano


La vida de Kalo

De primeras, la vida de Kalo no fue gran cosa; las huellas que dejó apenas fueron unas cuantas hojas dispersas en publicaciones periódicas. Modern Mechanix (1937), Collier´s (1947), Cartoon Laughs (1948), The Saturday Evening Post (1951), The New Yorker (1951), Esquire (1954), Gee-Whiz (1956). Dibujaba chistes en la prensa, no muchos por lo que se ha conservado de él. No me parecen especialmente buenos o diferentes de las miles de viñetas de otros autores coetáneos. Si Gregory Gallant leyese esto, me tiraría a la cabeza el tintero de cristal y los plumines que, sin duda, tendrá sobre su mesa de trabajo.
Gallant nació en Clinton, Ontario, y se puso un nombre de guerra, Seth, para triunfar como autor de cómics. Éditions Delcourt acaba de reunir en un tomo las andanzas del escritor en busca del desconocido y escurridizo Kalo. Se titula ‘La vida es bella a pesar de todo’, y es una defensa enconada de la nostalgia en azul, blanco y negro. El protagonista, alter ego de Seth, viste como Humphrey Bogart, sombrero incluido, compra viejas revistas ilustradas en los traperos, escucha vinilos, vive con un gato gordo, fuma cigarrillos, y se acuesta con mujeres que conoce en la calle o en un bar o en una biblioteca. Le gusta dar largos paseos y pararse delante de los escaparates de las tiendas de toda su vida, fosilizadas o podridas por la ruina; o bailar cometas con unos jubilados en lo alto de un monte ventoso. Dos veces al año visita el mismo museo de ciencias naturales para ver los esqueletos de los dinosaurios, un montaje de los años cincuenta o sesenta con plantas de mentira, piedras de escayola y pinturas murales descoloridas. «Lo que me inquieta es el furor repentino por los dinosaurios. Temo que llegue el día en que vea el lugar remodelado por los profetas del diseño», dice.
Puede sonar a estereotipo forzado, pero yo creo que Seth es de esa manera. Creo, además, que hace falta que exista gente así para conectarnos con el pasado, para mantener algún viejo valor de los tiempos analógicos como una almadía en medio del torrente digital; para seguir la pista a un desconocido amante de los bolos, el golf, la pesca y la lectura, que un día soñó con ser artista en la prensa neoyorkina y al siguiente se despertó siendo un padre de familia y trabajando para una inmobiliaria de su pueblo canadiense. También hace falta gente que compre libros como el de Seth y que dedique un tiempo precioso a leerlos. «Un poco de sufrimiento jamás ha hecho daño a nadie», cuentan que dijo Jack Kalloway, Kalo, cuando su mujer le preguntó si añoraba una vida como dibujante de éxito.



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