Me la juego

Ana Nodal de Arce


Tolón me da un premio

17/12/2020

Por fin ocurre algo bueno en este maldito año. La alcaldesa Tolón me da un premio por mi «comportamiento ejemplar durante la pandemia». Muy merecido. Y encantada de compartirlo con todos mis vecinos, que es en realidad la decisión de la regidora, porque es cierto que hemos tenido más paciencia que el santo Job en estos meses. Y no solo por permanecer encerrados mientras escuchábamos los sermones de Sánchez o los mensajes contradictorios del doctor Simón, famoso por aquello de que en España íbamos a tener dos o tres casos de coronavirus. Y qué decir de nuestros paseos de una hora, de los aplausos a las ocho, del Resistiré… Y no sigo, que me vengo arriba.
Pues sí, ante esta realidad, la señora alcaldesa ha tenido a bien que los toledanos recibamos la Medalla de Oro el día de nuestro santo patrón, San Ildefonso. Aplaudo este reconocimiento, que considero va dirigido a mis paisanos, que además de cumplir normas, a veces absurdas, con la docilidad que corresponde a un momento de pandemia mundial, han mantenido su rebeldía, con mascarilla y guardando la distancia de seguridad, levantando la voz contra atentados al patrimonio que pretendía perpetrar Tolón en enclaves como nuestra querida Vega Baja. Y esa lucha nos ha llevado a conseguir una victoria merecida y doblegar a la alcaldesa, que ha tenido que reconocer, en base a evidencias arqueológicas, que en la parcela en la que posó sus ansias especuladoras nuestros ancestros dejaron huellas más valiosas que las que ella ha plantado en Santa Teresa. Ahora, impulsados por esa medalla, combatiremos para evitar que la Peraleda se destroce con una infraestructura que debe ir donde no estorbe ni destroce nuestra maravillosa capital.
Ese premio va también para los residentes en el Casco, habitantes de una ciudad fantasma, fruto de un proyecto basado en una voraz explotación turística que les ha dejado sin servicios básicos, sin comercio local, rodeados de muros vacíos. Y para los vecinos de otros barrios dejados de la mano de Dios, pero castigados con impuestos sangrantes.
Por supuesto, autónomos, sanitarios, docentes, empleados, parados, periodistas… toledanos que aguantan con estoicismo el seguidismo del Ayuntamiento al Gobierno central y su lucha contra la Junta, también son destinatarios de ese galardón. Incluso los mayores encerrados en las residencias, por los que nadie, más que los familiares, alzan la voz. Ellos no solo deberían recibir la medalla del Consistorio, sino el premio a una vida sesgada por la pandemia y anulada por la crueldad de políticos que se han adueñado de sus vidas. Ellos necesitan un abrazo.
En resumen, ante «los sacrificios que hemos realizado», en palabras de la alcaldesa que suscribo al cien por cien, le doy un consejo a nuestra regidora: señora Tolón, siga usted el ejemplo de su homólogo en un pueblo de Andalucía y regale a cada toledano un jamón. Nuestro agradecimiento será eterno. Y suculento.