Greguerías

Aurelio de León


No a la violencia

No sé si hoy habrá más o menos violencia que en otros tiempos, pero es cierto que estamos más informados que en épocas pasadas de la violencia que se produce en el mundo. Rara es la semana en la que no nos enteramos de mujeres muertas a manos de sus compañeros o excompañeros sentimentales y raro es el día en el que no salen a la luz casos de asesinatos, robos o delincuencia organizada. La ley del Talión -ojo por ojo y diente por diente-, abolida por Jesucristo, sigue plenamente en vigor, incluso entre sus mismos seguidores, y la venganza es una realidad que acompaña muchas veces a las relaciones personales y grupales. 
Cuando hablamos de violencia casi siempre pensamos en la violencia física, pero existen otras violencias, como la violencia verbal y la violencia psíquica, que también destruyen a la persona, aunque no sea físicamente. Las críticas mordaces, las palabras fuertes y duras, utilizadas en los debates y tertulias radiofónicas y televisivas, y las descalificaciones absolutas suelen producir intensos problemas de ansiedad y dañar gravemente la autoestima. En la violencia psíquica se menosprecia y humilla a la persona, pudiendo generar en quienes la padecen severos estados de depresión y  sentimientos de inutilidad. El fanatismo religioso, las posiciones ideológicas intolerantes y la prepotencia se encuentran entre las actitudes más proclives a la comisión de actos violentos. Los medios de comunicación y las redes sociales, que por su inmenso poder podrían prestar un magnífico servicio a la concordia y a la paz, contribuyen muchas veces a aumentar la capacidad de violentar y a crear nuevas formas de violencia. ¡Cuándo nos daremos cuenta de que la violencia, además de frustrar cualquier proyecto humano, impide la consecución del fin principal que todos perseguimos: la felicidad! ¡Cuándo entenderemos que la violencia daña, no sólo al que la sufre, sino también al que la produce! 
No responder a la violencia con la violencia no significa pusilanimidad ni cortedad de espíritu, sino al contrario, es una manifestación de la grandeza de la persona. Platón pone en labios de Sócrates estas palabras: «Es peor cometer una injusticia que padecerla, porque quien la comete se convierte en injusto y quien la padece no». Gandhi decía que la no violencia es la mayor fuerza a disposición de la humanidad y el arma más poderosa concebida por el ingenio humano. Jesús aleccionaba de este modo a sus discípulos: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen». Y Francisco de Asís rezaba con estas palabras: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: que allá donde hay odio, yo ponga el amor; que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón; que allá donde hay discordia, yo ponga la unión».