Finalizada la campaña de recolección en las zonas más al norte de la Península se han confirmado las excelentes perspectivas de cosecha de los meses precedentes, donde el fuerte calor adelantado no ha tenido un efecto negativo sobre la fase final de maduración de los cereales. Dentro de las diferentes cifras que se manejan en el sector desde la producción a los operadores de los mercados (las estadísticas en Agricultura van siempre con retraso), todo parece indicar que nos hallamos ante una cosecha récord, muy por encima de los 24 millones de toneladas de 2018, y cifras similares en los años 2016 y en 2013. No ha habido sorpresas en cuanto al volumen y tampoco sobre comportamiento de los precios que, por unas u otras razones, se mantienen congelados y en el mejor de los casos con unas cotizaciones de unos céntimos por debajo de los 150 euros tonelada para la cebada y de 175 euros para los trigos blandos.
Con los precios congelados, el incremento de las producciones, con el clima favorable como primer factor, constituyen la principal alternativa elegida por los agricultores para lograr mayores ingresos. La pregunta, a renglón seguido, es si ese laboreo con incremento de costes añadidos por un mayor empleo de abonos, semillas, fitosanitarios, etc, exprimiendo al máximo año tras año la tierra, tiene futuro y es interesante para el agricultor y la rentabilidad de la explotación.
Frente a los 18,2 millones de toneladas de la campaña anterior y unas medias en los años precedentes ligeramente por debajo de los 20 millones de toneladas, las previsiones de producción más al alza del sector corresponden a las Cooperativas Agroalimentarias con 26,7 millones de toneladas, cosecha histórica, sumando los cereales de invierno y el maíz, lo que supone un incremento de casi el 50% sobre la campaña anterior. De acuerdo con sus datos obtenidos de la red de cooperativas, en función de unos rendimientos históricos superiores a los 4.500 kilos por hectárea, 7,6 millones de toneladas corresponden al trigo blando frente a los 4,7 millones del año pasado; 0,8 millones al trigo duro frente a los 0,72 de 2019; 11,9 millones de cebada donde se registra el mayor incremento frente a los anteriores 7,4 millones de toneladas; 1,6 millones de toneladas de avena frente a los 0,9 millones, con incrementos igualmente importantes en centeno y triticale, mientras en maíz la cosecha será ligeramente a la baja pasando de 3,5 a 3,3 millones de toneladas.
Desde Asaja las cifras son sensiblemente inferiores, mientras los datos manejados por los almacenistas se hallan más en la línea de las cooperativas con una cifra solo en cereales de invierno de 22 millones a los que se sumaría la producción de maíz para situarse en unos 25,3 millones de toneladas.
España tiene una demanda total de cereales de entre 35 y 36 millones de toneladas, de los que unos 26 corresponden a piensos para la alimentación de unas potentes cabañas ganaderas intensivas, especialmente el porcino y la avicultura, otros 4,7 millones de toneladas para alimentación humana y casi otros tres millones para diferentes usos industriales. 

dependencia exterior. Todo ello supone la necesidad de llevar a cabo elevadas importaciones ante cosechas bajas como en la campaña anterior que ascendieron a 17 millones de toneladas de las que solo 10 fueron de maíz y cinco de trigos blandos, pero también en campañas récord como la actual donde las compras en el exterior no bajarán de los siete millones de toneladas.
Esta gran dependencia exterior hace que el comportamiento del mercado interior tenga una gran dependencia de las producciones en el resto de la UE donde se adquieren grandes cantidades de trigo y maíz, pero también en terceros países. En el caso de la UE, se estima una producción de 305 millones de toneladas, una cifra similar a la media de las campañas precedentes, pero muy por debajo de los 321 millones de la campaña anterior con descensos especialmente en trigos con 5,5 millones de toneladas menos. Sin embargo, ese recorte se complementa con las previsiones de cosechas al alza en el mundo con datos FAO hasta la cifra récord de 2.790 millones de toneladas, con un incremento del 3% sobre el año anterior donde destacan las 761.000 toneladas de trigos especialmente en Australia, Federación Rusa o India, más producción de cebada en Turquía o Australia y, sobre todo, gran cosecha de maíz en Brasil. Esa producción, sumada a las existencias, ofrece unas disponibilidades totales de 3.666 millones de toneladas frente a una demanda estimada de 2.735 millones de toneladas. Además de las buenas cosechas fuera de la UE se suma la caída de los precios del petróleo y con ello un menor destino de producciones como el maíz para la obtención de combustible. 

orden en los mercados. En España, aunque se debe halar de un mercado global y no regional, la realidad es que hay Comunidades Autónomas donde claramente la oferta supera sus necesidades de utilización en piensos o en harinas como Castilla y León, Castilla La Mancha o Navarra, mientras Aragón, Andalucía y fundamentalmente Cataluña son claramente deficitarias.
 Desde el sector productor, organizaciones agrarias, especialmente las Cooperativas Agroalimentarias, hicieron un llamamiento a los cerealistas para que operasen en los mercados de forma ordenada, algo que respaldó el responsable de Agricultura para evitar caídas de cotizaciones. Estos llamamientos dieron lugar a una fuerte retención de la mercancía en origen lo que tuvo un doble impacto. Por un lado, en positivo, se produjo un repunte de los precios. Sin embargo, señalan medios de los operadores, la falta de materia prima para atender las necesidades de la demanda ganadera, dio lugar a que las multinacionales se lanzaran a comprar en el exterior suscribiendo contratos para su aprovisionamiento en los próximos meses y paralizar el mercado interior. Desde los operadores se achaca a esa retención de materia prima en origen la pérdida de importantes operaciones de exportación hacia países del norte de África. 
 En este contexto, con elevadas producciones en el exterior, cosechas récord en España y con materia prima en o por llegar a los puertos, los precios han vuelto a donde llevaban ya años instalados, en el entorno de los 175 euros para los trigos blandos y de 150 euros para la cebada a salida de almacén de operador, lo que para el productor se situaría en unos 147 euros tonelada.
La normativa en vigor obliga a la firma de contratos entre agricultores y los operadores donde figuren las condiciones de venta, precio incluido o una referencia para su cálculo. Aunque en cada zona las prácticas y costumbres son diferentes, la realidad es que los contratos son una excepción y los agricultores entregan su mercancía sin precio siendo el operador quien lo fija a la hora de la liquidación sin que se vea la intervención de control de la Agencia Aica, como en otros sectores.