scorecardresearch

Personajes con historia - Hernando de Colón

Cosmógrafo, humanista y fundador de la primera gran biblioteca (II)


Su auténtica pasión eran los descubrimientos y lo que había significado su padre en el cambio que había sufrido el mundo

Antonio Pérez Henares - 05/07/2021

El Almirante Cristóbal Colón no murió, a pesar de sus quejas, ni mucho menos pobre y sí con una cuantiosa fortuna y unas rentas anuales más que sustanciosas. Y el propio Hernando tampoco las tuvo escasas. Su hermano mayor, Diego, se había disgustado, incluso con él, porque consideró excesiva la generosidad del padre pero, al meterse en pleitos y nada menos que con la Corona por no ver reconocidos sus derechos en las Indias que el Almirante le había legado, acabaron por hermanar de veras. Así, a don Diego se le concedieron los títulos primero de gobernador general y también de La española, donde se aposentó, desplazando de inmediato a Ovando y sustituyendo a toda su gente en los poderes que el fraile les había dado. Inició entonces, con el asesoramiento de Hernando, los famosos pleitos colombinos contra la propia Corona, que acabaron por darle también el título que, tras su padre, nadie había ostentado de virrey de las Indias. Todo un triunfo pero limitado pues la jurisdicción se limitó a los territorios descubiertos por el Almirante.

Hernando de Colón quiso regresar a las Indias, deseaba emular a su padre y encontrar aquellos pasos que él no consiguió hallar, pero el rey Fernando no se lo autorizó. Tan solo en una ocasión le fue otorgado permiso y fue solo fue para acompañar a su hermano a tomar posesión del Gobierno de La Española y tan solo por unos meses.

Como en el caso del ahogado Bobadilla también hubo algo de justicia poética, pues en la nao que le devolvió a España viajaba también el destituido gobernador Ovando, el que no los quiso dejar desembarcar cuando el huracán llegaba y pareció quererlos dejar perecer en aquella playa de Jamaica donde demoró todo lo que pudo el socorrerlos.

Panteón de Hernando de Colón en Sevilla.Panteón de Hernando de Colón en Sevilla.

Vuelto a Sevilla, donde se estableció y dedicado por entero, amén de a los pleitos en defensa de la memoria y derechos de su padre y de su hermano Diego, al estudio y los saberes que tanto le atraían y en los que empleó, desde entonces, su vida aprovechando también que la Corona usó de sus dotes diplomáticas para enviarlo a destinos tanto en Roma como por toda Europa donde pudo acceder a ellos y conocer a las gentes más relevantes de su época.

Fue un gran cosmógrafo, pero también un gran erudito inquieto siempre por saber del pensamiento y los conocimientos de los hombres. Pero algo en él era aún más sorprendente. No atesoraba los libros solo para su propiedad y gozo, sino que deseaba que tales sabidurías en ellos contenidas estuvieran a disposición de quienes los estimaran como él y ayudaran en el futuro a la humanidad entera y pudieran ser consultados por investigadores y estudiosos. De niño, y junto a su hermanastro mayor Diego, se había formado en la corte como paje al servicio del príncipe Juan y, al morir éste, había aprovechado aquella estancia para aprender con el sabio Pedro Mártir de Anglería y adquirir una educación humanística que impulsó su devoción por el estudio y la ciencia.

Había iniciado, incluso, una obra gigantesca por su cuenta intentando compendiar en ella a España entera, la había titulado Itinerario. Descripción y Cosmografía de España y, para ello, había enviado por los pueblos de España a personas que informasen de cada uno de ellos, de los vecinos que había, de los hechos memorables que allí habían acaecido y de sus edificios y templos y que de todo ello se informase para acabar por compilarlo todo. Le entristeció sobremanera que aquella magna en la que llevaba empleada ya años se la yugulara el Consejo de Castilla quien había ordenado al corregidor de su ciudad natal de Córdoba que se le retiraran a él y a sus colaboradores los permisos para proseguirla.

Pero no era, y ya lo había demostrado en la tremenda peripecia vivida en las Indias al lado de su padre, de los que se arredraban fácilmente. Y su fortuna, bastante bien administrada por lo que parecía, le permitió proseguir con otras apasionantes tareas. Siguió empleándola en adquirir cuantos libros considerara apreciables y ello lo hacía por toda Europa por la que viajaba de continuo y donde era recibido cada vez con mayor respeto. Por su apellido, pero cada vez más, por su propio prestigio y largueza al adquirir obras.

Tuvo también don Hernando, mi señor, muy grande deseo de allegar muchos libros y aún todos los que pudiese hallar como lo puso por obra, y allegó y puso en su librería todos los más que hasta su tiempo se imprimieron, y dejó renta para que siempre se comprasen los que demás se hallasen.

Este deseo que tuvo tan intenso, fue y es digno de gran admiración, y de él resulta y siempre se seguirá provecho incomparable, aunque muchos inconsideradamente se han engañado, no advirtiéndolo, pareciéndoles que sería mejor que estos dineros y tiempo, que en esta tan santa obra empleó, los invirtiera en cetrerías o en otros ejercicios de caballeros...», según El Memorial de Juan Pérez.

Sus viajes por Europa comenzaron en 1509 y se sucedieron hasta el mismo año de su muerte en 1539. Adquiría tanto obras manuscritas como impresas buscando ampliar su biblioteca y que esta sirviese, y esa era la gran novedad y modernidad de su intención y su obra, no para su único deleite sino para que sirviese de instrumento de trabajo a los estudiosos e investigadores.

No limitaba a ello su trabajo, sino en otra prueba de adelantado a su tiempo, y como fue luego preceptivo, amén de leerlos los catalogaba y hasta llegaba a resumirlos. Anotaba también su precio, donde lo había adquirido o, en su caso, quien se lo había regalado. Todo ello, figura en su Libro de los Epitomes, que se creyó perdido, pero que ha aparecido muy recientemente en el año 2019 en Copenhague, la capital de Dinamarca.

De ella y de él escribió Nicolás Antonio (1783) en su Bibliotheca Hispana Nova: «Allí (junto a la Puerta Real, llamada anteriormente de Goles) reunió y organizó, con grandes gastos y mayor interés, una biblioteca riquísima de casi todos los libros que entonces estaban impresos, además de muchos códices manuscritos; en vida, con el uso se familiarizó con ellos y al morir la dejó a la Iglesia Hispalense, a la que también entregó su cuerpo para que le dispensasen los ritos cristianos y sepultura en un lugar honorabilísimo».

Su creador dejó el expreso deseo en su testamento de que todos sus libros llevaran la siguiente nota: «Don Fernando Colón, hijo de Don Cristóbal Colón, primer Almirante que descubrió la India, dejó este libro para uso y provecho de todos sus prójimos, rogad a Dios por él».

Asistió a la coronación de Carlos como emperador en Aquisgrán y tenido trato con el gran Erasmo de Rotterdam cuyas ideas humanísticas defendió y extendió a su vuelta a la Península.

Sus conocimientos cosmográficos le supusieron ser designado por el rey para formar parte de la Junta de Badajoz (1524) del grupo de sabios españoles y portugueses encargados de trazar la línea divisoria y el ámbito de expansión entre ambos reinos, donde Hernando defendió de manera muy contundente los intereses de España pero, aunque su palabra como hijo del Gran Almirante tuvo mucho peso, no fue suficiente para imponer totalmente su criterio de que la expansión portuguesa no rebasara el este del cabo de Buena Esperanza.

Pero nunca se olvidó de su padre ni de su legado, y menos aún de aquel viaje que compartió con él siendo poco más que un niño a las Indias, el último de don Cristóbal, al que partió con graves dolencias en los ojos y en los huesos y del que regresó ya tan quebrantado que no tardó en alcanzar la tumba. Depositario de muchos de sus documentos y cartas había comenzado a escribir su Historia del Almirante para dar a conocer su vida, poner en valor sus descubrimientos y desagraviar su memoria. Pero también, para defender los derechos y peculios que según las concesiones reales otorgadas les correspondían al Almirante y a sus descendientes, tanto en gobernación de tierra como los porcentajes de beneficios que les correspondieran de ellas. Por aquello, la familia Colón estuvo en continuos pleitos en los que había ayudado a su hermano mayor Diego a demandar los derechos que le correspondían.

La Historia del Almirante que hoy conocemos publicada tras muchas vicisitudes, en Venecia en 1571, años después de su muerte, contiene valiosísimos documentos y narraciones de primera mano de los viajes del Almirante y es considerada auténtica y fiable en la mayoría de sus libros, excepto en el primero donde aparecen cuestiones de origen y biografía hasta 1492 que son seriamente puestos en duda por los expertos. De hecho, se insiste que fueron añadidos con posterioridad al escrito de Hernando. El resto es una obra imprescindible y trascendental para comprender aquellos años, aquellos viajes y a aquel hombre prodigioso.

Gustaba Hernando ir más allá de lo que los demás iban, no teniendo lugar para nada que no fuera oro, aunque, desde luego, no fuera precisamente el Almirante quien careciera de avidez por él y que dejara todo el que pudiera, las tierras conquistadas o los imperios sometidos sino en otras cosas que pasaban desapercibidas pero tenían, a su parecer grandísima importancia y que le leía en sus diarios para demostrárselo. Por ejemplo, aquella planta, llamada maíz de la que había escrito «una simiente que hace una espiga como una mazorca, de que llevé yo allá y hay ya mucho en Castilla».

Pero su pasión eran los descubrimientos y lo que había significado su padre en el cambio que sobre sí mismo había sufrido el mundo. Hernando llega a sugerir que su padre había llegado a sospechar que no había llegado a las Indias sino a un Nuevo Mundo, pero que no había querido dar su brazo a torcer por orgullo, pero también por interés, pues consideraba que confesar su error podía causar perjuicio a sus concesiones sobre aquellas tierras.

Hernando de Colón murió en su casa de Sevilla, en el año 1539, y se le hizo gran entierro en la catedral en cuya nave principal siguen sus restos. Sus huesos pueden ahora, dicen, resolver muchos enigmas, incluso el del verdadero origen y nacimiento de su padre. Pero eso daría para otra y muy larga historia y hasta para un par de novelas, incluso.