En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Que cuanto el Covid ha unido, no lo separen las cacerolas

24/05/2020

Es obligación de los Estados defender y promover el bien común de la sociedad, de los ciudadanos y de cuantas entidades lo conforman. Desde mediados de marzo ese objetivo ha sido claro: hacer frente al coronavirus y promover los mecanismos precisos para superar las perniciosas secuelas sanitarias, sociales, laborales, económicas y de todo tipo a las que esta terrible crisis nos ha arrastrado.
El bien común no es la suma de los intereses individuales de cada uno de nosotros, sino un conjunto indivisible que solamente puede lograrse con la colaboración de todos. Desde que con la declaración del estado de alarma nos confinamos en nuestros hogares, juntos, además de preservar la propia salud, hemos contribuido a la búsqueda de ese objetivo común. Nuestro deber, como ciudadanos responsables, ha sido permanecer en casa. Tal actitud ha implicado un considerable valor cívico, pues con ella cooperábamos a que el sistema sanitario no colapsase y ayudábamos, también, a recuperar cuanto antes la normalidad en el ejercicio de nuestros hábitos, derechos y libertades.
El precio que estamos pagando al Covid-19 es elevadísimo. Convivir con la dura realidad de veintiocho mil muertos es una carga muy pesada. En recuerdo de todos ellos y en reconocimiento a quienes trabajan en centros sanitarios, prestando servicios esenciales, velando por nuestra seguridad o echando una mano donde se precisa, durante estos dos meses se ha tejido un unánime sentimiento de solidaridad, respeto y gratitud, testimoniado cada tarde con los aplausos de las ocho. Iniciada la desescalada estos sinceros homenajes han comenzado a decaer y algunos quieren sustituir su emocionado compás por el ardoroso golpear de cucharones, cacerolas y pucheros. Quienes así se concentran, despreciando en muchos casos las prescripciones de seguridad personal, toman algunas calles sintiéndose adalides contra la dictadura ‘socialcomunista bolivariana’ de Sánchez e Iglesias, su ‘ilegitimidad’ y sus ‘mentiras’ sobre la pandemia, pero olvidan, y ello es desolador, que en democracia los ciudadanos tenemos tanto derechos como deberes. Y entre estos últimos, hoy, el prioritario es preservar la vida y la salud de todos, para que un día la curva de la pandemia dé como resultado cero contagiados, cero hospitalizados, cero fallecidos. Ya saben, erguidos frente a todo.



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