Cabalito

Ignacio Ruiz


La ‘Refinitiva’

28/10/2020

Esta va a ser ¡la refinitiva!, decía Juan de la Cosa, un personaje burlesco que contaba poesías y adivinanzas del revés. Lo representaba el genial humorista Ángel Garó, llevado a la fama por Chicho Ibáñez Serrador en el programa 1, 2, 3.
Empezaba su actuación con actitud de no haber roto un plato, tratando de caer bien a todo el mundo. Medio vergonzoso pero venido arriba para encandilar con sus gracietas al público y conseguir la oportunidad que no se le quería dar: contar una adivinanza.
Pues así es el personaje que nos gobierna. No ha roto un plato, todo le son vanaglorias y loas allá por donde pasa. No hay periodista que se atreva a pisar el callo al mandamás. Un rey desnudo que desvistió a Toledo de oportunidades de crecimiento al no corregir un Plan de Ordenación Municipal errático y, venido a menos, que la justicia terminó por tirar abajo y nos ha dejado en manos de un plan del 86.
Tenemos una ciudad con planes del siglo pasado, que no sabe gestionar el presente y mejor no nos planteemos qué queremos para el futuro.
Está claro que poner cara de no enterarte de nada, pareciendo que no has roto un plato, supone la gracia del personal para perdonarte todos los atropellos que realizas. Se perdona la tala indiscriminada de árboles, el abandono de las márgenes del río, un servicio de gestión de residuos francamente mejorable, una conectividad en la ciudad por franjas (aquí sí, aquí no).
No tuvo reparos en ponernos un plan fiscal megalómano, con tantos anuncios incumplidos, que parece un serial de la radio. No engaña a todos.
Ahora vendrá, como hacía el tal Juan de la Cosa, con poca timidez y mucha verbigracia, a contar la nueva adivinanza sobre cómo puso al catalán la zancadilla delante de Von der Leyen, y con eso ya, se subirá otra vez al machito y ya está todo hecho, pero del revés. Lo de abrir el hospital, mejorar las contrataciones de los sanitarios, buscar alternativas para desarrollar el deporte en edad escolar, eso lo dejamos para la próxima. Y nadie le dice nada, nadie le afea ni su actitud ni su falta de aptitud.