NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Tensión creciente

22/05/2020

No nos podemos permitir este tipo de espectáculos a estas alturas. Ni ahora ni nunca, pero menos ahora después de los esfuerzos que ha hecho la población con esta crisis. Miles de trabajadores están aún a la espera de cobrar lo que les corresponde de los ERTEs. A muchos se les están acabando los ahorros, si no se les ha agotado ya, como la paciencia.
Una encuesta publicada ayer por la Federación de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), revelaba que el 10 por ciento de ese colectivo, cerca de 300.000, creen que tendrán que cerrar sus negocios antes de que acabe el año. Y lo mismo, a muchos la prestación por cese de actividad aún no les ha llegado. Ni saben si se ha tramitado su causa.
Y mientras tanto, en el Congreso de los Diputados, asistimos a un juego de trileros para conseguir un puñado de votos, cinco abstenciones, para conseguir una nueva prórroga del estado de alarma. La quinta ya. La jugada de derogar de manera ‘integral’ la reforma laboral de 2012, desmentida en una nota aclaratoria a las pocas horas, al filo de la media noche este miércoles, ha supuesto una sacudida en el seno del Gobierno de Pedro Sánchez. Pero sobre todo ha provocado una sacudida en su credibilidad y, lo que es peor, en la nuestra como país.
Decir ahora que ese gobierno de coalición iba a tener sus fricciones no tiene casi importancia. Se sabía y se empezó a ver casi desde el principio con la aprobación de leyes, desmentidas primero, enmendadas después, o no presentadas luego. Pero el acuerdo con EH Bildu por parte del Gobierno para esa derogación, que ya estaba en el acuerdo de coalición con Podemos, y que luego ha sido matizado para volver a dejarlo en lo que fue siempre, una reforma de «los aspectos más lesivos» de aquella reforma laboral, es un paso más, ojalá que reversible, en esa pérdida de la confianza que necesitamos para salir de ésta.
Llevamos semanas reclamando la implicación de Europa con medidas para que no tengamos que pedir un rescate. Bruselas pide a cambio un amplio consenso político y social para poder acceder a esas ayudas. Y en una sola tarde, en un movimiento táctico más que cuestionable, Sánchez ha basculado perdiendo unos apoyos que ya eran más que frágiles en el Congreso. Miembros del Gobierno desconocían ese pacto. Y del diálogo social ni hablamos. La patronal, la CEOE, ha dicho que se levanta de la mesa de diálogo. Hasta UGT aseguró ayer que «las formas son mejorables».
Y permitan también que lo mencione, la creciente tensión en las calles entre las manifestaciones de cacerolas y palos de gol, extraña pareja, están despertando un preocupante sentimiento de odio en la población que puede volver a polarizar a la sociedad. Y solo hace 40 años que vivimos en un estado democrático y social de derecho. Creo que no había ninguna necesidad de que el Gobierno hiciera ese movimiento que ha acabado por soliviantar más los ánimos. Necesitamos estabilidad y confianza, y menos estrategias a corto.