Cabalito

Ignacio Ruiz


Vivir así

No estoy seguro de afirmar que estemos mejor que hace 100 años, qué digo 100, 500 años. De verdad, ¿creemos que vivimos mejor que entonces? Yo, cada día, dudo mas de la evolución que tanto se pregona.
Hablamos de tecnología, pero seguimos usándola para machacar, si no masacrar, al de enfrente. No sólo matan las armas mortales, también las redes sociales crean zombies sociales, a través del ciberbullying, del acoso digital, de la presión mediática con el discurso unitario, autoritario y supremacista de algunos, armados con bots y usuarios comprados.
Hablamos de industria, pero no perdemos oportunidad de presionar al personal hasta que suda sangre. Hablamos de agricultura, y de alimentación ecológica y natural, pero que lo cultiven otros, que recojan la fresa los temporeros, por cierto, ¿qué temporeros? Si no hay españoles dispuestos a trabajar en ello.
Creemos que vivimos en una sociedad adelantada, basada en derechos, donde el relativismo del siglo XXI nos plantea dudas sobre cómo hace 90 años podíamos tener tantos niveles de analfabetismo, y en cambio, más de un 30% de fracaso y abandono escolar, no nos preocupa. Le damos carrete al eufemismo nacional, al relativismo del qué más da. Asumimos que nuestros jóvenes quieren ser morralla social, y no le damos importancia.
Es como la estadística de esta semana, 96.000 abortos en un año. Sale la noticia y nos quedamos tan pichis. Sale mejor financiar un aborto que una red de alternativas para que esa vida pueda salir adelante. Que esas dos vidas puedan salir adelante, la del indefenso bebé y la de la madre. Que de esas noventa y seis mil, sólo trescientas, ¡300! eran menores de 15 años. Qué vida les estamos dando a nuestros jóvenes. ¿Qué ejemplo les estamos mostrando para ser modelos de futuro? tantas campañas de concienciación no están sirviendo de nada, al contrario, ¿están siendo contraproducentes?
Hacia dónde queramos caminar supone una reflexión de largo rato, gran dosis de diálogo con nuestro yo interno, y verdaderamente tomar conciencia de qué modelo queremos ser de personas para las generaciones futuras. Dejémonos de hooligans de televisión y busquemos representantes con dos dedos de frente y altitud de miras. Menos juego en corto y de escaparate y más visión de largo plazo. Nos van unas generaciones aún recuperables en  ello.