Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


El patio de mi casa

27/04/2020

La vida y la primavera también se abren paso en nuestras casas. Como esas tardes llenas de luz entre los frutales y las rosas, la ropa tendida, el suelo tapizado con las flores del granado y el canto de mi abuela. A la sombra de la parra unas manos arreglan algo estropeado y una voz desde la ventana nos reclama. Hay padres que se pasan toda una vida recomponiendo y arreglando estropicios. Y madres que siempre se asoman a la ventana. Como si hubiera un deseo al otro lado. Algo o alguien a quien reclamar. Las ventanas son ojos para mirar afuera y reclamar a otros, pero los patios son los ojos para mirar adentro y reclamarnos a nosotros mismos. Son días de mirar adentro y disfrutar el patio. Tener un patio y una abuela es como tener una primavera en casa. Yo he querido mantener las dos cosas. A mi abuela en el recuerdo. Sus caricias como bálsamo en las noches. Su piel de leche y sus manos trenzando mi pelo todas las mañanas. En estos días se echan de menos los patios y las abuelas. Ya apenas quedan patios con primaveras y vamos perdiendo abuelas.

Mis atardeceres huelen a jazmín. Miro el naranjo y el limonero, el verde prendido entre las piedras del muro, mi ropa tendida donde juegan los gorriones y la majestuosa higuera que se prepara para cobijarnos a su sombra este verano. Construimos nuestro hogar con pedazos de recuerdos propios o ajenos. En el mío, el frondoso jazmín es uno de los más preciados. Es el olor de mi primavera, más intenso y disfrutado en estos días de tiempos calmados. Lo traje hace unos años, arrancado del corazón del jazmín de mi abuela en el patio de mi infancia. Su aroma es como su beso de buenas noches. Es como tener su olor en mi primavera. Como aquella imagen de Persépolis, una película que huele a jazmín, en la que caen las blancas hojas del pecho de la abuela de Marjane, cuando se quita el sujetador por la noche. Un tradicional truco de belleza que pervive en su recuerdo.

El jazmín deja caer su aroma como cae la noche, para disfrutarla. Como se disfrutan los besos inesperados. Como el balanceo en una hamaca surcando las estrellas de un cielo limpio y silencioso. El silencio de una melodía sufí para descansar el alma. Una casa debería ser un hogar, un lugar de paz y protección. Para disfrutar del amor y la primavera como se disfruta del olor y los abrazos. No hay territorio más seguro y dulce que el pecho de una madre y de una abuela. Lo sabes muy bien cuando te conviertes en refugio para otros. Y eso sí lo echo de menos. Iré corriendo al olor y los brazos de mi madre en cuanto pueda, tocaré y admiraré las manos de mi padre. Volveré al patio de mi infancia a acariciar las rosas. Y mientras llega, en el patio de mi casa disfrutaré la primavera.