El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


Esa sonrisa idiota

26/03/2021

Dicen que no hay optimistas, solo pesimistas que carecen de toda la información. Y con la que está cayendo, casi parece de mal gusto estar siempre ‘de buen rollo’ y en plan positivo. Una cosa es el sentido del humor, y otra muy diferente la exhibición de un estado de felicidad y optimismo superficial y artificial. Nadie quiere oír hablar de desgracias ni estar al lado de cenizos, pero ya no sé si es peor eso o lo de estas personas que vemos (sobre todo en Facebook y en WhatsApp) continuamente transmitiendo energías positivas y buenas vibraciones, compartiendo frasecitas hechas, consignas obvias o deseos que, de tanto repetirse, parecen vacíos (’que pases muy buen día’, ‘que Dios te bendiga’, ‘quiérete a ti mismo’, es decir, sé egoísta… en fin). Tras años de observación del fenómeno, he elaborado diversas hipótesis sobre estas personas: 1) no existen, en realidad son algoritmos creados para hacernos más soportable y almidonada nuestra visita a la red social. En principio, esta me parecía la hipótesis más verosímil, pero en alguna ocasión he podido comprobar que personas de carne y hueso que conozco, e incluso son amigos míos, ponen estas cosas; 2) son personas que han padecido una sobredosis de ‘libros de autoayuda’ o de cualquier otra forma de autoayuda; se han quedado un poco ‘raritos’ y eso se nota en su relación ‘virtual’ con los que los rodean; y  3) hay alguna razón profunda en estas redes sociales que nos impulsa a dar una imagen simpática, amable y positiva -aunque sea ridícula- así que nos comportamos de tal manera que todos puedan estar de acuerdo y aplaudan cada una de nuestras ideas obvias y vacías.
Sin descartar las otras opciones, creo que la explicación más plausible es esta última. Desde luego ‘sé feliz’, ‘ayuda a los demás’, ‘la democracia y los derechos humanos son muy importantes’ o ‘yo creo en la igualdad’ son siempre valores seguros si lo que buscamos es la aprobación y el aplauso generalizado a nuestras afirmaciones. Y supongo que esta puede ser una excelente terapia para quienes están bajos de autoestima, situación bastante frecuente en nuestras sociedades. Como alguien sugirió hace tiempo, por alguna razón Twitter nos empuja a creernos ingeniosos, Instagram a pensar que somos grandes fotógrafos, y Facebook… a creer que tenemos muchos amigos. Y para esto último, obviamente, nada como transmitir frases enlatadas con las que es imposible estar en desacuerdo. ¿O no?  A veces pienso, más bien, que tiene razón la letra de aquella canción de Sabina que decía: «Oiga doctor, devuélvame mi depresión, ¿no ve que los amigos se apartan de mí? Dicen que no se puede consentir esa sonrisa idiota». Pues eso…