Me la juego

Ana Nodal de Arce


Amigos

12/11/2020

Amigos son aquellos que te demuestran su lealtad porque se sienten cercanos a ti, porque te aceptan aunque no te entiendan, porque te quieren con tus múltiples defectos y no esperan una disculpa si te equivocas porque su cariño va más allá. Y les sale del alma, no de la fuerza de la sangre, lo que tiene más mérito sin duda. Hablarán bien de ti cuando no estés y te darán consejos que casi nunca seguirás, pero siempre los tendrás ahí para escuchar tu angustia o darte ese abrazo que tanto echamos de menos en tiempos de coronavirus.
Lo cierto es que este mundo virtual en el que se desarrollan la mayor parte de nuestras vivencias ha llenado nuestro entorno de nombres nuevos, de apodos, de realidades ficticias que, al igual que pueden ser reconfortantes, corren el riesgo de convertirse en tóxicas y terriblemente dañinas. Los que nos dedicamos a la comunicación intentamos calibrar ese dislate que surge a veces en las redes sociales como un vaivén que controla tus opiniones, pero no tu mente ni tu pensamiento. Que personas anónimas te critiquen, te etiqueten o arremetan contra tus ideas, se da por hecho. Duele más que esa actitud venga de quienes te conocen de toda la vida, saben tu trayectoria y, sorprendentemente, te ahogan porque eres capaz de levantar la voz contra ideas distintas a las suyas. Y es que, entre todas las cualidades que destacan en un amigo, me ha faltado citar quizá la más relevante: el respeto. Da igual si has coincidido con alguien en las redes, en la peluquería o en la cola del INEM, si compartes profesión o lo saludas porque vive en tu barrio. Tolerancia ante todo. Los años te van enseñando que hay buenas personas en todos sitios, mientras que conviene olvidar a otros por los que hubiéramos puesto la mano en el fuego.
Que la política se haya radicalizado hasta los extremos que soportamos hoy en día es triste. Pero es dramático que existan personas que ataquen con vileza a los que piensan por su cuenta y no forman parte de ningún rebaño. Señores, señoras, lo que está ocurriendo en este país deriva no solo de una pandemia mundial descontrolada, sino de mentes estrechas que han convertido en asfixiante una sociedad que se había autorregulado por sí misma, sin aceptar imposiciones. Se está sembrando el odio de una manera alarmante y a las crisis sanitaria y económica, se suma una fractura social sin precedentes. Los gobiernos, los políticos, deben esparcir confianza, concordia, el sosiego que ahora no existe. Su obligación es contribuir a que todos los españoles nos sintamos protegidos y no señalados, sino somos de su cuerda. Sobran dirigentes que inoculan rabia, que se sirven del estado para favorecer a los suyos y que se han convertido en enemigos de los propios ciudadanos a los que prometieron servir. A esos, mejor tenerlos lejos. Me quedo con los amigos que no te fallan, que te ayudan al caer y te acompañan al levantarte, aunque siempre tropieces con la misma piedra. Va por ellos.