Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Última oportunidad para el Tajo

18/09/2020

Queda poco más de un mes para que finalice el plazo de alegaciones del Esquema provisional de Temas Importantes de la demarcación hidrográfica del Tajo, el documento que servirá de base para el Plan de cuenca que entrará en vigor a finales de 2021 o principios de 2022, y que regirá la gestión del río durante una década. De la lectura de los documentos, asistencia a reuniones virtuales del proceso de planificación, me queda claro lo que ya sabía: no hay ninguna voluntad de cambio ni mejora en el Ministerio que preside Teresa Ribera. Al contrario, los documentos del Plan del Tajo (puedo decir lo mismo del resto de documentos que he leído de otras cuencas), van a dar por buena la situación.
Tres lustros de lucha aquí sobre el terreno, en los tribunales, en Europa, parece que no han servido par nada. La política de Aguas en España hace tiempo que perdió el norte y el pulso de un nuevo tiempo. Asistir a la lectura de documentos interminables, donde el acúmulo infinito de cifras y parámetros sólo sirve para ocultar deliberadamente el bosque de la realidad, arroja un baño frío de lucidez que te pide no ser partícipe de este engaño. No esperaba otra cosa, la verdad.
El miércoles, sin ir más lejos, asistí a una mesa sobre el Alto Guadiana. El Plan de cuenca plantea como solución a la sobreexplotación, transferencias del trasvase Tajo-Segura. Con un par. El del Tajo, amputa directamente la cabecera del río, que ahora nace en Aranjuez. Portugal pide más agua y menos contaminación en el Tajo a España. España pasa, con una Confederación Hidrográfica del Tajo huidiza y a la defensiva, con un complejo de culpa y de amanuense a la carta, que ya no puede disimular.
A mediados de los 90 trabajaba con los documentos del Plan de cuenca del Tajo que finalmente se publicó en 1998. Fotocopias, entonces no se usaba pdf, ni internet. Era otro mundo. Pero entonces se iniciaba un proceso que intentaba poner orden en el desastre de gestión de los ríos españoles, en especial el Tajo. 25 años después la única diferencia es que queda claro que la Administración no va a solucionar los problemas de los ríos, no va a trabajar por el interés general, sino por el muy concreto de determinados grupos de presión que hacen negocio con lo que es de todos. Y en esas estamos. Soy 25 años más viejo, llevo ya tres planes de cuenca a la espalda, y estoy lidiando con este último, el cuarto. Quizá sean demasiados para nada.
Hace unos días, en una de estas jornadas soporíferas y plúmbeas del proceso autodenominado por el Ministerio de «participación pública», una compañera de batallas hidrológicas también presente me decía lo desesperante que es la situación. El nulo avance, la rendición social, la maquinaria burocrática que todo lo agrisa y hace añicos hasta pulverizar y pervertir cualquier fin. Como en casi todo, nada importante importa ya. Me cansé. Primero quité el sonido y luego me desconecté. Me salí del juego, ya tenía bastante. Y puse el Tour, los puertos magníficos, el paisaje verde y amplio de los valles alpinos, como cuando acaba Blade Runner y Ridley Scott roba unos planos desechados de El Resplandor de Kubrick, para colocar a Harrison Ford y Sean Young en los bosques y montañas que rompen la asfixia de Los Ángeles. Al final sólo queda la belleza.