En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Ni un milímetro

Aznar está angustiado porque los comunistas, desde la Guerra Civil y pese a la caída del Muro de Berlín, pueden entrar en el gobierno de España. Asumiendo ese papel de malote que tanto le va, advierte no estar dispuesto a que una coalición de radicales de izquierda rompa nuestro país. Sus palabras enlazan con aquel aguerrido «a por ellos» que en la noche electoral se reclamaba ante la sede de Vox. El ‘establishment’, incluyendo una nutrida nómina de ex, no parece dispuesto a concederle a Pedro Sánchez ni un milímetro de margen en su empeño por conformar mayoría parlamentaria para gobernar. En estos días las portadas y editoriales de ciertos periódicos, los sumarios de algunos informativos de radio y televisión, así como las columnas de significativos popes del oficio dan miedo. Las siete plagas apocalípticas, en forma de emergencia nacional, están al caer. Descartada la ‘redentora’ alianza entre la derecha y socialistas comienza a deslizarse el runrún de que antes de tener como ministros a extremistas peligrosos, con la aquiescencia de los independentistas, es mejor volver a las urnas. Algunos ya han puesto fecha: el primer domingo de abril.
El martes, las votaciones para elegir las Mesas del Congreso y del Senado en las nuevas Cortes Generales aportarán pistas sobre próximos movimientos para intentar la investidura de Sánchez. El camino que el secretario general del PSOE transita para conseguir un gobierno progresista estable en nuestro país es angosto y flanqueado de minas. Muchos, además, se esfuerzan por hacerlo impracticable. Cierto que estamos ante una encrucijada compleja. Las tensiones por el reto independentista catalán han contaminado el debate nacional en sus más variadas facetas. Hemos entrado en un bucle agotador. Mientras tanto la extrema derecha campa a sus anchas. Su comportamiento ante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ha sido vergonzoso. Frente a tan desacomplejada actitud, cuesta ver cómo la izquierda parece obligada a pedir perdón por cada paso que da, incluido, viéndolo estamos, su intento de conformar gobierno, como si los electores no les hubiésemos respaldado con mayor número de votos que a otros partidos. Afirmar que vivimos en una democracia ‘tutelada’ puede ser, seguramente, un decir inconsistente, pero a veces lo parece.