El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Los reyes malditos

27/05/2020

Una de las pocas cosas positivas que nos ha traído la Covid-19 es el haber podido dedicar tiempo abundante a la lectura. Ésta ha permitido evadirnos de esa vorágine de desgracias que nos arrastraba hacia zonas sombrías que amenazaban nuestro equilibrio psíquico y espiritual.
Un poco al azar, sin premeditación, he dedicado este tiempo fundamentalmente a la literatura francesa. He descubierto, como compartí en otro momento con ustedes, pequeñas y delicadas joyas, llenas de humanidad y esperanza, que me han procurado solaz y aliviado el encierro. Pero también he vuelto a viejos libros, algunos devorados durante mis años de Universidad. Entre ellos está la extraordinaria saga que da nombre a esta columna de hoy. Los Reyes malditos es una serie de siete volúmenes de novela histórica, ambientados en la Francia del siglo XIV, que nos narra lo sucedido tras la maldición que el gran maestre de la orden del Temple, Jacques de Molay, lanzó contra el rey Felipe IV el Hermoso desde la hoguera en la que murió. Desde ese momento, podemos recorrer la historia de los hijos del rey hasta el desencadenamiento de la Guerra de los Cien Años, epílogo de toda la trama.
Es un clásico de la novela histórica. Soy poco aficionado a la misma, igual que al cine histórico, tal vez porque la deformación profesional como historiador me hace verla con ojos excesivamente críticos, y son pocos los libros de este género que suelo leer, sobre todo cuando, en emulaciones totalmente degeneradas de esa obra maestra que es ‘El nombre de la rosa’, se mezclan elementos fantasiosos o francamente falsos. Pero este septenario, obra de escritor Maurice Druon, vale la pena. Porque Druon era, además de novelista, político y ensayista, un buen conocedor de la Historia medieval. A través de una trama que atrapa desde el primer momento y de una prosa agradable, cada uno de los volúmenes se nos ofrece con un atractivo que invita a leer uno tras otro sin solución de continuidad, descubriéndonos uno de los periodos más ricos e interesantes de la Humanidad, la Edad Media, que no es la época atrasada u oscura con la que nos la presentan con frecuencia.
Como historiador muchas veces me he preguntado por qué nuestros libros de Historia no resultan atractivos y, sin embargo, el público devora la novela histórica que, con mejor o peor calidad, escribe gente ajena a la ciencia histórica. Cuando leo a Druon me respondo que quizá porque nos hemos olvidado de que el rigor puede ir de la mano de la belleza literaria. La Historia de España, rica como pocas, ofrece, y así lo exploró Galdós en sus Episodios Nacionales, argumentos abundantes para una novela histórica de calidad. En nuestro país ignoramos demasiado nuestro pasado, y tal vez por ello, erramos en la comprensión del presente. Leer historia es esencial para una ciudadanía madura, libre y comprometida. Nos hace falta algún Druon.