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Enrique Belda


Usted puede ser reina

20/04/2021

Al hilo de mi escrito de la semana pasada sobre la monarquía, la gente me ha escrito todo tipo de cosas, a favor y en contra de la lectura moderna de nuestro símbolo. Lo más impactante, para mí, ha sido que tres personas (republicanas) se interesaban por el hecho, no de que no puedan ser ellos el rey, sino que no puedan ser la reina. Así como les cuento.
El matrimonio regio ya no tiene la importancia que se le otorgaba en las monarquías tradicionales por la falta de funciones constitucionales del cónyuge y el escaso papel efectivo del monarca. Pero las restricciones sobre el matrimonio de príncipes/princesas herederos son frecuentes en otras monarquías europeas, demandando a los pretendientes la sumisión a un permiso del rey, del parlamento o de ambos.
La sustancia o centro de esta previsión no es otra que solventar una hipótesis, un acontecimiento imprevisible en la esfera de las relaciones humanas de los herederos de la corona, con riesgo de afectar el simbolismo que rodea al trono, donde la forma significa mucho.
Cabe proteger la corona de cualquier elección torcida, se supone que fruto variadas circunstancias (desde una escasa formación o corta edad, hasta una determinación fundamentada de la idoneidad del futuro cónyuge, que el resto de la sociedad no comparte). Esto ha de interpretarse de forma muy restringida y excepcional, puesto que no ha de olvidarse que en la práctica se condiciona una elección matrimonial.
En este terreno, como lo que ha de contar es la sensibilidad social mayoritaria, el art. 57.4 de nuestra Constitución no se queda en reflejar la posible prohibición del rey, añade también la de las Cortes Generales, auténticas intérpretes del estado de cosas y opiniones en cada sociedad. En España, con las leyes vigentes, pueden llegar a ser consortes del rey o de la princesa, todos los hombres y mujeres, y los posibles perfiles excluidos no parten de cuestiones ideológicas, religiosas o familiares como antaño. Don Felipe se casó con Doña Letizia, pero podría haberse casado sin tacha constitucional con cualesquiera de ustedes, queridos lectores/as. No debe ser fácil, pero allá cada cual: si su majestad se divorcia adelante con ello. E igual se puede intentar con sus sucesoras, dentro de un tiempo.