MIS RAZONES

Pilar Gómez


Cataluña, sin salida

05/04/2021

Más que varada, como el carguero atrapado en el Canal de Suez, Cataluña sigue a la deriva, en un avance incontenible rumbo a los territorios del desastre absoluto y con escasísimas posibilidades de vuelta atrás.
Pese a la victoria en las recientes elecciones del PSC, que no es una fuerza netamente separatista, el escenario se repite como una maldición bíblica. Otra vez las fuerzas independentistas ocuparán el Gobierno de la comunidad, sin posibilidad alguna de un mínimo cambio de rumbo en su trayecto hacia el abismo. Ha habido, en efecto, un pequeño sesgo en la disposición de los protagonistas. No son ahora los herederos de Pujol sino los republicanos de ERC quienes, al imponerse por pelos en los comicios,  dirigen supuestamente la operación de formar el nuevo Ejecutivo. Una nimiedad, un asunto menor.
El escenario es igual de inquietante. La política catalana está conducida por un prófugo que se ha instalado cómodamente en Waterloo, un grupo de delincuentes que cumplen condena en prisión y una pandilla de provocadores cuya única aportación a la humanidad es animar a quienes incendian contenedores. Es imposible que con estos mimbres, una región antaño potente y puntera como Cataluña mantenga su añorada vitalidad, tanto en lo económico como en lo social, cultural o incluso deportivo.
Fracasó el primer intento de investir a Pere Aragonés, un personajillo menor que ejerce de monaguillo de Oriol Junqueras, el líder de ERC que lleva ya años demostrando su inutilidad manifiesta no ya para presidir la Generalitat, sino para ejercer siquiera de administrativo en la concejalía de una ciudad menor.
Carles Puigdemont, posiblemente el más delirante de cuantos integran el reparto de este drama, está empeñado en dirigir los hilos de la Generalitat desde su cómodo sillón de Waterloo, donde se ha inventado una republiqueta ‘en el exilio’ en la que vaguea con displicencia mientras siete millones de españoles soportan (unos con entusiasmo, otros con desesperación) sus estrambóticas ocurrencias.
Cataluña acelera su ruta hacia el precipicio. No cabe ser optimista. Hace treinta años Jordi Pujol puso la máquina en marcha y señaló ese rumbo. Y nadie ha intentado modificarlo. Una tragedia general. Un drama para Cataluña y para España.